Apenas 70 días después de asumir la presidencia, el 30 de marzo de 1981, Ronald Reagan se enfrentó cara a cara con lo que quizás sea el mayor riesgo de ser el mandatario del país más poderoso del mundo: un intento de asesinato. La secuencia fue breve: salió de una conferencia en el Washington Hilton Hotel, saludó a la multitud y, en un abrir y cerrar de ojos, estaba en el piso con un disparo en el pulmón. Inmediatamente, el Servicio Secreto se abalanzó sobre John Hinckley Jr., que había efectuado seis disparos con balas explosivas en un intento de impresionar a la actriz Jodie Foster, con quien estaba obsesionado. 

El tirador, sin embargo, fue declarado inocente por razón de locura: sufría de psicosis aguda. Así que no podía ser culpado o castigado por lo que hizo. Por eso, Hinckley recibió la orden de vivir en el Hospital St. Elizabeths en Washington, en donde residió por los últimos 40 años en los que no volvió a ver Taxi Driver, la película que vio 15 veces antes del atentado y en la que se inspiró para dispararle a Reagan, ya que el personaje de Robert De Niro decide dispararle a un senador que se candidatea a la presidencia.

El segundo después de los disparos

En esa película actuaba una jovensísima Jodie Foster, de apenas 12 años, que luego, entre sus 18 y 19, debió rechazar una y otra vez los avances de Hinckley, que la seguía por todo el país y le enviaba cartas describiéndole sus planes de asesinar a Reagan, y presenciar horrorizada cómo ese hombre efectuaba seis disparos que impactaron en el presidente; en James S. Brady, secretario de prensa de la Casa Blanca; Timothy J. McCarthy, agente del Servicio Secreto; y Thomas K. Delahanty, un oficial de policía. Brady murió a causa de sus heridas en 2014.

Ahora, si todo sale bien, Hinckley podría salir de su confinamiento en 2022. 

"Si no hubiera intentado matar al presidente, habría sido liberado incondicionalmente hace mucho, mucho, mucho tiempo", dijo un juez federal. El juez de la Corte de Distrito de Estados Unidos Paul L. Friedman en Washington adelantó durante una audiencia judicial de 90 minutos que emitirá su fallo sobre el plan esta semana. Se presume que si continúa siguiendo las reglas y permanece mentalmente estable, Hinckley no tendría problemas en dejar el hospital

De todas formas, no saldrá sin controles: no puede ponerse en contacto con los hijos de Reagan, otras víctimas o sus familias, o con Jodie Foster. Sin embargo, The New York Times reportó que Hinckley, ahora de 66 años, no muestra síntomas de enfermedad mental activa, ningún comportamiento violento ni interés en las armas desde 1983. "Todos se sienten cómodos ahora después de todos los estudios, todos los análisis y todas las entrevistas y toda la experiencia con el Sr. Hinckley", aseguró el juez.

Una de las cartas que Hinckley nunca le envió a Jodie Foster: "Te amo seis trillones de veces. ¿Quizás no me querrás solo un poco? (Tenés que admitir que soy diferente)"

"Una victoria para la salud mental"

En adelante, la preocupación pasa por la reinserción en sociedad, ya que Hinckley "tiene un historial de volverse hacia adentro y hacia el aislamiento", dijo Kacie Weston, abogada del gobierno de Estados Unidos, que quiere asegurarse de que el extirador pueda vivir solo después de 40 años acompañado por médicos y terapeutas. Recientemente, Hinckley se mudó a la casa de su madre, que murió en julio pasado.

Ahora queda "esperar unos meses más y ver" cómo evoluciona Hinckley, ya que preocupa la próxima jubilación de uno de los terapeutas de Hinckley y el final inminente de un grupo de terapia, que brindó mucho apoyo e interacción social y que probablemente sea difícil de encontrar de nuevo, informó la agencia AP.

Desde 1983 que Hinckley no presenta interés por las armas

Pese a todo esto, el fin del confinamiento de Hinckley es considerado como "un triunfo de la salud mental" por Barry Levine, abogado del extirador. Levine se presentó el lunes en la audiencia en representación de su cliente, y dijo que Hinckley quería expresar sus disculpas "sentidas" y "profundo pesar" a las personas a las que disparó y sus familias, así como a Foster y al pueblo estadounidense.

"El mensaje real en este caso es que las personas que han sido devastadas por una enfermedad mental, con un buen apoyo y acceso al tratamiento, pueden convertirse en miembros productivos de la sociedad", consideró el abogado.

En el último tiempo, a Hinckley se le otorgó el derecho de exhibir públicamente sus obra de arte y sus canciones, en las que canta "todos queremos ser libres y vivir en armonía". También vendió artículos en un puesto en un centro comercial de antigüedades que ha encontrado en las ventas de propiedades, mercados de pulgas y tiendas de consignación.

Sin embargo, todavía tiene prohibido viajar a lugares donde sabe que habrá alguien protegido por el Servicio Secreto. Además, debe avisar con tres días de anticipación si quiere viajar a más de 120 kilómetros de su casa. También tiene que entregar contraseñas de computadoras, teléfonos y cuentas en línea como el correo electrónico.