El Gobierno británico presentó un proyecto de ley para poner fin a todos los procesos judiciales relacionados con el conflicto en Irlanda del Norte, algo que fue denunciado como una "amnistía" por las familias de las víctimas.

En un contexto de creciente tensión en esa región por el descontento que provocan las disposiciones aduaneras establecidas tras el Brexit para preservar la frágil paz de 1998, el Gobierno británico sumó ahora la oposición a esta medida por parte de víctimas y responsables políticos irlandeses.

La policía de Irlanda del Norte está investigando "cerca de 1.200 casos, lo que es solo una fracción de las 3.500 muertes" registradas durante tres décadas de conflicto, argumentó en el Parlamento el ministro para Irlanda del Norte, Brandon Lewis, y precisó que el Ejecutivo tiene la intención de introducir esta legislación a la vuelta de las actuales vacaciones de verano.

Durante 30 años, el conflicto norirlandés enfrentó a republicanos católicos, partidarios de la reunificación de Irlanda, con los unionistas protestantes, apegados a la corona británica.

Dejó unos 3.500 muertos y terminó en 1998 con el acuerdo de paz del Viernes Santo.

Tropas

Enviado a la zona con el objetivo oficial de "mantener la paz" en 1969, el Ejército británico tuvo una participación cuestionable en el conflicto y es responsable, según el índice Sutton elaborado por la Universidad del Ulster, de unas 300 muertes durante las operaciones que terminaron oficialmente en 2007.

El proyecto británico, que afectará tanto a los exveteranos como a los exmiembros de grupos paramilitares, suscita fuerte oposición en la vecina República de Irlanda.

"No creo en una amnistía general para aquellos que han cometido un asesinato, ya sean actores estatales o estén involucrados en organizaciones terroristas o ilegales", afirmó en Dublín el primer ministro irlandés, Michael Martin.

La presentación de este texto se produce dos semanas después de que la Justicia británica retirara los cargos contra dos exsoldados acusados de tres asesinatos en 1972 en Irlanda del Norte, en particular durante la masacre conocida como Domingo Sangriento.

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