El ex presidente brasileño Lula da Silva presentó su precandidatura a las elecciones de octubre de 2018, a menos de 24 horas de haber sido condenado a 12 años de prisión por haber supuestamente recibido un triplex a cambio de favorecer contratos de una empresa constructora con la estatal Petrobras.

Un acto simbólico que se celebró en la sede nacional de la Central Única de Trabajadores (CUT) de San Pablo donde recibieron al ex sindicalista bajo los gritos de "Olé, Olé, Lula, Lula". Rodeado por la presidenta del PT, Gleissi Hoffman, a un lado, y Dilma Rousseff, al otro, Lula inició una discusión sobre el cronograma y las próximas medidas a seguir para continuar con la campaña presidencial.

Aunque Lula se mantenga como favorito en todas las encuestas, la rotunda sentencia del miércoles apenas deja posibilidades para que participe de los comicios. Si la defensa del ex presidente apelara a los tribunales superiores -algo que se da por hecho- podría seguir con su campaña electoral e inscribirse como candidato el 15 de agosto. A partir de esa fecha el Tribunal Superior Electoral (TSE) se encargaría del caso, pero advirtieron que con una condena por unanimidad en segunda instancia "sólo queda la opción de eliminar la candidatura".

En ese caso Lula todavía podría recurrir a los tribunales superiores por su derecho a disputar la presidencia, y el escenario electoral quedaría abierto a la espera de un fallo definitivo. Fuentes del PT reconocen "estar tocados" pero aseguran que no quieren pensar en un plan B porque entienden esta condena como "un atentado a la democracia y al Poder Judicial".

"Soy tan solo la punta del iceberg, cuando acaben conmigo van a ir a por el Partido de los Trabajadores porque dicen que somos una organización criminal. Yo soy apenas el primer obstáculo" dijo el ex presidente, que habló de "un pacto entre los medios, el poder judicial y las instituciones" para poder entender "una condena sin pruebas" refiriéndose al inmueble de la costa de Guarujá que le atribuyen: "Si me quieren llevar a la cárcel por ese apartamento que al menos me lo den, porque me voy a prisión por algo que no es mío y que nunca he disfrutado".

Más allá de las ironías, Lula estaba con un tono más serio que enérgico. Estratega incluso, y preocupado: "Me importa mucho el futuro de este país y al condenarme quieren acabar con una forma de gobernar que nos caracteriza que es la de incluir a los pobres en nuestra política económica. Quieren acabar con Brasil y con los millones de trabajadores que viven con un salario mínimo, cuando nosotros por lo único que hemos luchado es porque estén en la misma escuela el hijo de la empleada con el hijo de la patrona". El PT confirmó que mantiene la campaña electoral y las caravanas que han llevado en los últimos meses al ex presidente por diversos puntos del país. La próxima será en dos estado del sur de Brasil donde se reunirá con el ex mandatario uruguayo, José Mujica. "Lo mejor de esta condena es que voy a aprovechar para volver a hablar con el pueblo de sus necesidades, entender todo lo que está perdiendo y pensar en un proyecto para que vuelvan a ganar", dijo el sindicalista.