Un estudio publicado este miércoles concluyó que las predicciones sobre las consecuencias negativas para la salud pública y un posible riesgo del aumento de casos de coronavirus (Covid-19) en Estados Unidos a raíz de la ola de protestas desatada tras el asesinato del afroestadounidense Goerge Floyd hace un mes fueron concebidas demasiado estrechamente.

Expertos en salud, gobernadores, alcaldes y otras autoridades de los estados temieron que las protestas masivas pudieran conducir a una reducción del comportamiento del distanciamiento social, y que ello estimulara el resurgimiento del coronavirus en el país con más casos y muertes por la pandemia.

Sin embargo, un estudio de la ONG Oficina de Investigación Económica de Cambridge utilizó datos sobre las protestas en 315 de las ciudades más grandes de Estados Unidos para estimar el impacto de las protestas masivas en las redes sociales en materia de distanciamiento y crecimiento de casos de Covid-19.

El informe, titulado "Black Lives Matter (Las vidas negras importan), distancia social y Covid-19", no encontró prueba de que las protestas reavivaran el crecimiento de contagios durante las más de tres semanas posteriores a que se iniciaran.

En cambio, encontró evidencia de que el comportamiento de quedarse en casa aumentó después del comienzo de las protestas. Además, los efectos estimados fueron generalmente mayores para ciudades donde las protestas fueron persistentes y hubo incluso episodios de violencia.

El texto concluyó que a un mes del asesinato de Floyd, las protestas en las calles no provocaron un aumento en la tasa de contagios de la enfermedad. Entre las explicaciones, la ONG dijo que una de las más relevantes fue el cambio de conducta de la parte de la sociedad que no participó de las protestas.

Ese efecto no fue completamente explicado por la imposición del toque de queda de la ciudad.

Los gráficos indican que en las ciudades con mayor durabilidad de las manifestaciones, el segmento de la sociedad no participante llevó adelante mayores medidas de distanciamiento, evitando salir a la calle o, en su defecto, buscando caminos alternativos para evitar las aglomeraciones.

Algo similar muestran los gráficos de las ciudades en las que entró en vigor el toque de queda.

En cambio, en las ciudades donde no hubo manifestaciones o fueron escasas o no persistieron en el tiempo, el fragmento social que no participó relajó las medidas de prevención.


Por otro lado, el informe encontró que en la mayoría de los csos, la conducta de los manifestantes tuvo una tendencia similar la de quienes no salieron a protestar.

Gran parte de los manifestantes tomó medidas de seguridad tales como volver a la casa inmediatemente después de estar en las calles, a tal punto que el estudio refleja que hubo muy pocas salidas recreativas de parte de los manifestantes.

El estudio asegura además que los manifestantes, casi en su totalidad, utilizaron barbijos y, a menos que viviesen situaciones de violencia con las fuerzas de seguridad, intentaron mantener la distancia social preventiva.

Además, los manifestantes en muchos casos lograron evitar algomeraciones innecesarias y choques con la policía o grupos supremacistas blancos gracias al uso de aplicaciones con gps y redes sociales para informarse y evitar contactos riesgosos, según el trabajo.