Durmiendo en el piso y desesperados por comida, unos 10.000 migrantes, muchos de ellos haitianos, acamparon en un puente de paso elevado en Del Rio, Texas, y los agentes fronterizos de Estados Unidos luchan por intentar contener el aumento constante de personas en la zona. De hecho, el alcalde local reclamó “una acción rápida” del Gobierno federal para evitar que la crisis humanitaria se agigante.

"Son principalmente de Haití e ingresan de manera ilegal. Están esperando ser detenidos por los guardias fronterizos" para iniciar los trámites de autorización de estadía, explicó el alcalde Bruno Lozano sobre los 10.500 migrantes, que a comienzos de semana eran apenas 2.000.  Además de haitianos, hay cubanos, venezolanos y nicaragüenses.

El alcalde demócrata, que explicó que los migrantes llegaron tras cruzar el río Grande –que divide México de Estados Unidos-, dijo que la zona requiere “una acción rápida del Gobierno" federal por los riesgos para la salud y la seguridad que representa este campamento improvisado.

La mayoría sería expulsada por una normativa de salud

La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP en inglés), en tanto, aseguró en un comunicado que había aumentado su personal para enfrentar la situación de manera "segura, humana y ordenada", según la agencia de noticias AFP.

El área de sombra debajo del puente internacional sirve como sitio de parada temporal "para prevenir enfermedades relacionadas con el calor", explicó la CBP, que reseñó que a los migrantes se les proporcionó agua potable, toallas y baños portátiles.

Ali Sajous, de 29 años, un migrante haitiano, dijo a Reuters que los funcionarios estadounidenses estaban entregando números para el procesamiento de inmigración y que ella, su esposo y su hija de dos años que llegaron el lunes eran el número 910 en la fila de familias. Las autoridades estaban procesando el número 685 en ese momento, dijo.

Haití, el país más pobre del hemisferio occidental, tiene una historia turbulenta. En julio, el presidente fue asesinado en medio de un aumento de la violencia de las pandillas y en agosto un terremoto de magnitud 7,2 y una poderosa tormenta azotaron el país.

Muchos de los haitianos entrevistados por Reuters dijeron que solían vivir en América del Sur, a menudo en Brasil o Chile, pero decidieron dirigirse al norte porque no podían obtener un estatus legal o luchaban por conseguir trabajos decentes. Algunos haitianos también dijeron que se sintieron animados por los videos que vieron en las redes sociales sobre cómo obtener asilo en los Estados Unidos.

Idas y vueltas por los migrantes varados

La CBP dio por hecho que "la gran mayoría de los adultos” serán expulsados bajo el Título 42, una normativa de salud adoptada al inicio de la pandemia para frenar la propagación del virus, y quienes no tengan una base legal para permanecer “serán colocados en procedimientos de deportación acelerados".

Ayer, un juez federal ordenó al Gobierno del presidente Joe Biden no expulsar a las familias en este contexto, lo que demandará más infraestructura para recibirlos, ya que hace meses que se registran flujos migratorios récord en la frontera con México.

Más de 208.000 migrantes fueron detenidos allí en agosto, según las últimas cifras oficiales, lo que lleva a 1.300.000 el número de personas detenidas desde que Biden asumió en la Casa Blanca.

Del Triángulo Norte llegó la mitad de los migrantes detenidos por la administración Biden

De ese total, unos 596.000 provenían del llamado Triángulo Norte –que integran El Salvador, Guatemala y Honduras- y más de 464.000 de México.

La oposición acusa desde hace meses a Biden de haber provocado una "crisis migratoria" por haber flexibilizado las medidas en el área de su antecesor, Donald Trump, aunque estrictamente hablando no cambió mucho la política migratoria en la frontera terrestre con México.

Tras visitar la zona, el senador republicano Ted Cruz denunció "un desastre" causado por Biden y advirtió que los migrantes terminan bajo el puente "porque el presidente tomó la decisión política de cancelar los vuelos de deportación a Haití" después del asesinato del presidente Jovenel Moise, el 7 de julio.

También algunos demócratas pidieron a Biden que resuelva rápidamente la situación en Del Rio, entre ellos la congresista Ilhan Omar, quien advirtió que “estos migrantes haitianos ya han sufrido mucho durante el peligroso viaje a la frontera".

Llegada en 1995 como refugiada somalí, Omar denunció que "la falta de urgencia para acudir en su ayuda es alarmante".