En unas horas, el demócrata Joe Biden asumirá como nuevo presidente de los Estados Unidos, para suceder a uno de los mandatarios más polémicos de los últimos tiempos en la primera potencia mundial, el universalmente conocido Donald Trump, quien deja un país dividido, azotado por el coronavirus y con varias promesas económicas que quedaron a mitad de camino.

Hace cuatro años, era Trump quien llegaba a ocupar la Casa Blanca con el lema "Hacer a Estados Unidos Grande de Nuevo", con algunos objetivos que llegó a cumplir y otros que no, incluso cuando la pandemia no asomaba en el horizonte.

El magnate inmobiliario y estrella de reality shows como El Aprendiz, desembarcó en el poder con el período más largo de crecimiento económico sostenido de la historia de EE.UU., y prometiendo superar los 3 puntos de crecimiento anual, para crear 25 millones de puestos de trabajo. Esto de la mano de reducciones impositivas no sólo para los que más ganaban (un clásico de las administraciones republicanas) sino también para las familias de clase media.

Efectivamente, Trump redujo los impuestos e impulsó el gasto, lo cual elevó el déficit fiscal. La principal medida fue el recorte del Impuesto de Sociedades del 35% a 21%, llevando el déficit fiscal hasta un 26% en el 2019, para llegar a un récord de 3,3 billones de dólares en 2020, de la mano de las ayudas fiscales a empresas y personas por la pandemia de coronavirus.

Los menores ingresos fiscales redundaron asimismo en más endeudamiento.  La deuda federal estadounidense alcanzó un 98% del PIB del año fiscal 2020 en septiembre, mientras que en 2019 estaba en el 79%, y era del 70% cuando Trump asumió, lo que indica un crecimiento de casi 30 puntos de deuda sobre PIB en tan solo cuatro años.

De acuerdo con los datos oficiales, el crecimiento del PIB fue más rápido en 2017-2019 que en cualquiera de los dos mandatos de Barack Obama. En 2017, el crecimiento alcanzó el 2,3% del PIB frente a 1,6% en 2016, último año de Obama en la presidencia. En 2018 el PIB se expandió 2,9% y en 2019, el 2,3%, cifras muy superiores a las de otros países industrializados, pero sin alcanzar los "más de tres puntos al año" que prometiera Trump. En 2020, la inesperada irrupción del coronavirus hizo entrar al país en recesión, ya que causó una caída del 4,3 en el año.

Por otra parte, los recortes fiscales a las corporaciones incrementaron los ingresos netos, lo que explica la buena performance de las bolsas estadounidenses durante los años recientes, según un informe de The Economist.

Nivel de desempleo

Respecto del empleo, otro de los ítems de los que Trump gustaba ufanarse, el crecimiento del mercado laboral fue más lento que durante el segundo mandato de Obama. No obstante, bajo la administración Trump, el desempleo cayó a su nivel más bajo desde la década de 1960, en línea con un contexto internacional de mejora de la ocupación. 

En 2019 la tasa de desempleo alcanzó el 3,5%, la tasa más baja en cinco décadas, y muy cerca del pleno empleo. Durante el período 2016-2019, la economía añadió más de 7 millones de puestos de trabajo, superando con creces la previsión de 1,9 millones para todo el mandato hecho por varios analistas, pero bien lejos de los 25 millones de empleos que había prometido durante la campaña.

La mejoría más importante se vió en las tasas de desempleo de los grupos minoritarios, ya que por ejemplo de los afroamericanos se llegó al nivel más bajo registrado, algo similar a lo que ocurrió en el caso de los asiáticos, los hispanos, los pueblos originarios, las personas con secundario incompleto y los discapacitados, entre otros, de acuerdo con las estadísticas oficiales. 

Sin embargo, el efecto de la pandemia en el sector laboral fue devastador, provocando el ingreso en el desempleo de unos 18 millones de personas en todo el país (el pico fue del 14,7% en abril, el nivel más alto desde la Gran Depresión de la década de 1930), cuya reinserción dependerá de que los estados puedan controlar los rebrotes de coronavirus y tener una apertura total de las actividades. .

Guerra comercial

El gran punto de quiebre del período Trump fue su relación tormentosa con varios socios comerciales, lo que terminó en varias batallas de aranceles cruzados y fuerte inestabilidad del comercio global.

Fundamentalmente la guerra comercial desatada con China, con el objetivo declarado de reducir el déficit comercial y devolver empleos industriales a suelo estadounidense, objetivos que no llegó a alcanzar totalmente.

Cuando Trump asumió el empleo manufacturero alcanzaba a 12,38 millones y se elevó a 12,83 millones en marzo de 2020, es decir unos 400.000 nuevos puestos de trabajo en cuatro años, y luego de casi dos de aplicación de aranceles a China. Un resultado a todas luces magro en términos trumpianos.

No sólo eso. La aplicación de los aranceles implicó sobrecostos por casi USD 57.000 millones para los consumidores estadounidenses, además de pérdidas por unos USD16.000 millones para los agricultores que exportaban a China, que debieron ser cubiertos con subsidios directos dispuestos por Trump para no perder votos. Y respecto del déficit comercial, pasó de los USDS254.000 millones del inicio de la era Trump, a USD 287.000 millones en los 11 meses hasta noviembre del 2020, según datos chinos de acuerdo con la agencia Bloomberg.

El déficit disminuyó en 2019 en términos interanuales debido a que empresas estadounidenses aumentaron sus importaciones de países como Vietnam, pero se mantuvo por encima de la brecha de USD 254.000 millones de 2016. 

Sobre el cierre de su mandato, Trump también impuso aranceles a varios países de la Unión Europea, abriendo otro frente de conflicto del que deberá encargarse el nuevo presidente, así como también de la eventual reinserción estadounidense en varios acuerdos, como el de París contra el Cambio Climático, y el Pacto Nuclear con Irán, ambos de relevancia internacional.

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Hector Medina

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