Las familias de 19 niños y dos maestras están devastadas por las muertes ocurridas el martes pasado en la escuela primaria de Uvalde, Texas, donde un joven de 18 años ingresó armado con dos rifles AR-15 y realizó una de las masacres más cruentas de la historia reciente de Estados Unidos. A medida que el tiempo pasa, las investigaciones descubren detalles cruentos sobre lo que sucedió puertas adentro del establecimiento, y los involucrados también contaron su experiencia con el tirador. 

La política prestó sus respetos y condolencias a las familias de las víctimas, pero cayó en la grieta de la segunda enmienda a la hora de buscar las causas y tratar las consecuencias. ¿Por qué? La segunda enmienda a la Constitución estadounidense permite la libre portación de armas, un debate que se reaviva con cada tiroteo y son muchos— en escuelas.

Los demócratas y políticos de izquierda piden una revisión más detallada de los antecedentes de cada persona que quiere comprar un arma, mientras que los republicanos y políticos de derecha o conservadores atribuyen el tiroteo a la obra de "un psicópata", mientras se aferran a la idea de libertad y principio de defensa personal de los ciudadanos. Eso fue lo que hizo Ted Cruz, el político que más lobby hace por las armas —y más dinero de campaña recibió de parte de ellas—: "Estados Unidos es el país más libre, más próspero y más seguro de la Tierra", declaró a un periodista que consultaba por qué las masacres como la de Texas solo suceden en su país. 

"Es hora de morir"

Mientras la política debate, algunos niños se animaron a relatar las horas fatales que vivieron dentro de su escuela, donde un joven de 18 años llamado Salvador Ramos asesinó a 19 de sus compañeros y a dos maestras. "Es hora de morir", fue lo que dijo el tirador al entrar en el colegio y disparar a los alumnos. 

Un niño que no fue identificado contó a la señal de televisión KENS que cuando escuchó al tirador entrar en el aula, seguido de las terroríficas palabras que gritó, "le dijo a su amigo que se escondiera debajo de algo para que no los encontrara”. Gracias a esa acción, él, su mejor amigo y otros tres niños sobrevivieron escondidos detrás de un mantel. 

Miah Cerillo, de once años, sobrevivió cubriéndose con la sangre de su amiga y haciéndose la muerta, dijo su tía, Blanca Rivera, a NBC News. Fue hospitalizada con fragmentos de bala en la espalda, pero ya fue dada de alta.

Había policías apenas minutos después de que el tirador ingresara en la escuela

Adam Pennington, de 8 años, le dijo a The Times que estaba en la oficina del director poco antes del tiroteo y escuchó al director contestar una llamada telefónica de alguien que había visto acercarse al pistolero. “Alguien saltó la valla justo ahora con un arma”, dijo Adam que escuchó decir a la persona que llamó.

Él y otros se escondieron debajo de una mesa antes de huir a otras habitaciones, incluso detrás de las cortinas del auditorio, y finalmente evacuar al centro cívico, donde se reunió con su madre, Laura Pennington.

Una madre dijo que las maestras que fueron asesinadas eran “mujeres hermosas y desinteresadas” que “siempre hicieron todo por sus hijos” en Robb y habrían hecho todo lo posible para protegerlos durante el ataque. El esposo de una de ellas murió de un paro cardíaco dos días después de que su mujer falleciera en el ataque.

Qué salió mal en la masacre en la escuela de Texas

Según una cronología elaborada por Los Angeles Times, hubo una serie de errores que llevaron al desastre. El tirador avisó con poca anticipación lo que iba a hacer: en una publicación en Facebook “dijo: 'voy a dispararle a mi abuela'”, confirmó el gobernador de Texas, Greg Abbott, en una sesión informativa el miércoles. “La segunda publicación fue: 'Le disparé a mi abuela'”, agregó. Poco después, alertó la catástrofe: “Voy a dispararle a una escuela primaria”.

Salvador Ramos salió de su casa con dos rifles con plataforma AR y 375 rondas de municiones de 5,56 milímetros. Chocó su auto en una zanja y se dirigió hacia la primaria. Pese a que dos empleados de una funeraria lo vieron y alertaron a la policía —después de que el tirador les disparara sin éxito—, Ramos logró entrar porque una maestra, al escuchar los tiros y el choque, volvió a buscar su celular y dejó una puerta abierta. 

“Esa puerta trasera estaba abierta. No se suponía que debía estar abierta. Se suponía que estaba cerrada. Y ciertamente la persona que volvió por su teléfono celular la abrió de nuevo. Así que ese fue un punto de acceso que usó el sujeto”, confirmó el director del Departamento de Seguridad Pública, Steven McCraw. "Fue una decisión equivocada. Punto", lamentó.

Sin embargo, no fue solo eso. Muchos apuntan ahora al accionar de la policía en la situación. Según confirmaron medios locales, los efectivos impidieron a muchos padres ingresar a la escuela para abatir al tirador. 

Derek Sotelo, de 26 años, dijo que después de escuchar los disparos, estaba afuera de la escuela con un amigo cuyo hijo es estudiante y que estaba tratando desesperadamente de que la policía entrara, o que entrara él mismo. “Estaba justo en la cara del oficial, como, 'Hombre, dame tu chaleco. ¡No estás haciendo nada con eso! Dame ese chaleco y entraré y mataré a ese tipo".

Muchos padres estaban enojados porque los oficiales no se apresuraron a entrar, dijo. “Todo el mundo estaba como, '¿Qué está pasando? ¿Qué diablos está pasando? ¿Por qué no entran? ¿Qué están esperando?' ”, contó Sotelo a Los Angeles Times. 

Los errores de la policía

McCraw declaró que, en retrospectiva, fue una decisión equivocada no entrar antes al salón de clases. En una conferencia de prensa, declaró que había "muchos oficiales" dentro de la escuela desde los primeros minutos del tiroteo, y hasta 19 oficiales de las fuerzas locales y federales estuvieron en el pasillo la mayor parte del tiempo.

Como Ramos disparó cientos de tiros en los primeros minutos y después bajó su intensidad, el oficial a cargo del operativo pensó que la situación había pasado de una situación de tirador activo a una situación de "sujeto atrincherado", y por eso los oficiales no entraron.

La policía reconoció sus errores

"De hecho, había muchos oficiales para hacer lo que fuera necesario, pero estaban operando bajo las órdenes del comandante. Creían que ningún niño estaba en riesgo en ese momento y querían esperar más equipo táctico", confirmó McCraw.

Todo esto, a pesa de que muchos niños y otras personas dentro del salón de clases llamaron al 911 muchas veces.  Una grabación del 911 mostró que un niño en una de las aulas cerradas estuvo hablando por teléfono con el 911 durante un período prolongado, y solicitó que se enviara a la policía diciendo que ocho o 9 niños todavía estaban vivos, explicó McCraw.

Varios minutos después, a las 12:50 p. m. y más de una hora después de que comenzara la terrible experiencia, los oficiales obtuvieron las llaves de un conserje, ingresaron a la habitación y le dispararon al sospechoso, reportó NPR.