Con el 90% de los votos de las elecciones legislativas escrutados el 2 de marzo, el partido líder de la derecha israelí, el Likud, se mantenía a la cabeza, pero obteniendo 36 escaños, en lugar de los 37 que le otorgaban los sondeos de boca de urna difundidos los medios israelíes.

Su rival, la coalición de centro-derecha Azul y Blanco, encabezada por el exjefe del Estado Mayor Benny Gantz, obtendría unos 32 escaños en la Knéset (Parlamento israelí).

Para formar una coalición de gobierno son necesarios 61 asientos de los 120 del Parlamento. El bloque de fuerzas de ultraderecha, partidos nacional-religiosos y religiosos ultraortodoxos prometieron su apoyo a Netanyahu, pero si el recuento de votos continúa como hasta ahora, no obtendrán más de 59 escaños. Los ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá conseguirían 10 y 7 escaños respectivamente y la formación Derecha obtendría 6.

Pero Azul y Blanco tiene peores perspectivas para sumar escaños. La tercera fuerza en el Parlamento será la Lista Conjunta, integrada por partidos mayoritariamente árabes, que según el escrutinio real tendría 15 asientos en el Parlamento.

Pero Gantz no va a gobernar con el apoyo árabe, o al menos eso dijo. Tampoco todos los integrantes de la Lista Conjunta están de acuerdo con respaldarlo, sobre todo si no cambia sus políticas respecto a los palestinos.

El escrutinio otorga al ultraderechista laico Israel Nuestro Hogar 7 escaños, pero su líder dejó claro que no serán para Netanyahu si lo apoyan los religiosos, ni para Gantz si lo apoyan los árabes.

La pequeña alianza de partidos de centro-izquierda Laboristas-Gesher-Meretz lograría 7 asientos en la Knéset y se los prestaría a Gantz.

Falta contar también los votos de los 16 colegios especiales en los que participaron 4.000 de los 5.600 afectados por la cuarentena del coronavirus, pero aún se desconoce quien los va a escrutar.