Con el foco puesto en su descontento por el modelo económico, los chilenos desafiaron el Estado de Emergencia decretado por el presidente Sebastián Piñera con una ola de cacerolazos y manifestaciones que duró hasta la madrugada de este domingo, varias horas después de iniciado el toque de queda impuesto el sábado para sofocar las protestas y a pesar de la suspensión del tarifazo en el precio del subte.

Desde la última hora de la tarde del sábado hasta hoy a las 7 rigió un toque de queda en Santiago de Chile y algunas comunas aledañas, una medida de excepción que las autoridades toman por primera vez desde la vuelta de la democracia al país. La última vez que se impuso fue en 1987, bajo el gobierno de facto del dictador Augusto Pinochet. Según indicó el gobierno, "la vigencia de la norma será evaluada de forma periódica", por lo que no está claro si se repetirá esta noche.

Santiago amaneció con un panorama similar al del sábado, con fuerte presencia militar en los accesos, estaciones del Metro y avenidas principales luego que el Estado de Emergencia  decretado por el gobierno habilitara a las fuerzas armadas a "tomar el control de la Seguridad Pública", lo cual desembocó en una sangrienta represión a manos de los militares. El transporte se encuentra parcialmente paralizado, el aeropuerto colapsado y el despliegue militar abarca varias avenidas y accesos centrales de las principales ciudades del país.

Los ánimos no fueron tranquilizados ni por el Estado de Emergencia, ni por el anuncio de Piñera sobre la marcha atrás del aumento, que en los últimos días desató la ola de protestas con estudiantes secundarios a la cabeza en estaciones del Metro de Santiago. Así, durante el fin de semana cientos de miles de chilenos que mantuvieron la intensidad de los reclamos callejeros por horas convocados por redes sociales bajo la consigna # ChileDesperto y "evasión masiva", un llamado a no pagar las tarifas de transporte por los altos precios.

Igual que en los últimos dos días, entre las protestas del domingo por la madrugada hubo cacerolazos en numerosas esquinas, automovilistas tocando bocinas y también violentos enfrentamientos con la Policía, saqueos a supermercados, vandalismos y una feroz represión policial con gases lacrimógenos y perdigones de goma.

Jubilaciones misérrimas, tarifas de servicios carísimas, casi nula movilidad social, educación y salud privadas e inalcanzables para una familia de trabajadores, fueron las consignas que gritaban y que resurgieron con fuerza en las redes sociales en estos días, sumándose con potencia a la consigna original sobre el transporte público y demostrando de paso que ésta fungía apenas como emergente de una demanda social más amplia y compleja.

A lo largo de la madrugada, el gobierno sumó al toque de queda las comunas de Coquimbo y La Serena, en el norte de Chile, y Rancagua, en el centro, y desplegó 1.500 militares más a su masivo operativo para frenar la ola de protestas.

Pese al toque de queda y la militarización de las calles, el Metro Valparaíso, el tren que conecta toda la región metropolitana de esa región, anunció que no reiniciará el servicio y lo mismo informaron las autoridades de los servicios de colectivos y subtes de la ciudad.

En Santiago, en cambio, la red metropolitana de transporte Transantiago anunció que sí funcionará -aunque se reinició con demora- y que, de haber nuevas protestas, cambiará sus rutas.

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