Los dos grandes partidos españoles, el socialista PSOE y el conservador Partido Popular (PP), apuestan a polarizar los votos de la izquierda y la derecha en las elecciones del 10 de noviembre, como una manera de acabar con el bloqueo que impidió formar un gobierno después de los comicios del 28 de abril.

La entrada en el Parlamento español de dos nuevos partidos en las elecciones de diciembre de 2015, el izquierdista Unidas Podemos (UP) y el liberal Ciudadanos (Cs), abrió un período de inestabilidad política de cuatro años, con cuatro elecciones generales debido la imposibilidad de articular mayorías estables.

Tanto la izquierda como la derecha españolas están fragmentadas en varios partidos parlamentarios, lo que dificulta que un candidato consiga los apoyos suficientes para que el Congreso de los Diputados le otorgue su confianza para ser presidente del Gobierno. Es lo que le ocurrió al líder socialista, Pedro Sánchez, que sigue gobernando en funciones tras las elecciones de abril.

Ganó entonces con mayoría simple (123 de los 350 diputados del Congreso), pero no pudo cerrar un acuerdo con la coalición UP (42 parlamentarios), que le exigía formar un gobierno de coalición.

Pero la fragmentación es tal que no habría bastado con ese acuerdo, sino que Sánchez habría necesitado, al menos, la abstención de los nacionalistas vascos e independentistas catalanes para revalidar el cargo de jefe del Ejecutivo español. Otra posibilidad habría sido una abstención de los partidos de centro derecha pero éstos se encastillaron en el "no" a Sánchez y, cumplidos los plazos legales, hubo que llamar a nuevas elecciones.

La mayoría de las encuestas auguran un resultado electoral que tampoco despejaría ni rápida ni fácilmente la situación, reveló la agencia de noticias EFE.

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