Polonia aprobó finalmente una controvertida ley que revisa el Holocausto, lo que generó críticas de dos de sus aliados más importantes, Estados Unidos e Israel, en una decisión que se suma a las polémicas reformas que recientemente enemistaron al país con sus socios europeos. 

La norma, propuesta por el ultraconservador y nacionalista Ley y Justicia (PiS), castiga con hasta tres años de prisión el uso de la expresión “campos de concentración polacos” para referirse a los campos de exterminio nazi ubicados en el país. Además, tipifica penalmente las acusaciones de complicidad de Polonia con los crímenes cometidos por el nazismo durante la ocupación. 

El Senado aprobó anoche la iniciativa con 57 votos a favor y 23 en contra, y para que entre en vigor sólo falta la firma del presidente Andrzej Duda, puesto que ya tenía media sanción de la Cámara Baja desde el mes pasado, informó la agencia de noticias EFE. No obstante, Duda anunció que someterá el texto de la ley a una minuciosa revisión.

Una de los primeras y más fuertes reacciones a la aprobación vino desde la Cancillería de Israel, el país que con mayor ahínco criticó todo el proceso parlamentario de la norma. Incluso, el 27 de enero pasado, el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, rechazó “totalmente” esta “inapropiada” ley

Hoy, el vocero de la Cancillería israelí, Emanuel Nahshon, salió al cruce en Twitter para rechazarla “categóricamente” y dijo que observa “con suma gravedad cualquier intento de desafiar la verdad histórica”, antes de sentenciar que “ninguna ley cambiará los hechos”.

Otra fuerte condena fue la del Museo del Holocausto en Jerusalén que, en un comunicado, sostuvo que la nueva ley “pone en peligro la discusión libre y abierta de una parte del pueblo polaco en la persecución de los judíos”. El Museo admitió que la expresión “campos de exterminio polacos” es errónea ya que fueron construidos y operados por los alemanes en la Polonia ocupada por los nazis.

Pero “la manera correcta de combatir estas tergiversaciones históricas no es criminalizando las declaraciones, sino reforzando las actividades educativas”, añadió.

Varios políticos israelíes también se expidieron contra la ley. El ministro de Transporte, Yisrael Katz, pidió a Netanyahu que llame a consultas al embajador israelí en Polonia, informó el diario Maariv.

La ex canciller israelí Tzipi Livni consideró la ley “un escupitajo a la cara de Israel” y pidió que se responda “agresivamente”, presentando toda la documentación que evidencia los crímenes de guerra polacos durante el Holocausto.

El Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos recoge que al menos 2 millones de civiles polacos no judíos murieron a mano de los nazis mientras que miles de polacos ayudaron a los judíos e hicieron resistencia al Holocausto. 

El actual gobierno de Varsovia quiere tener base legal para perseguir a aquellos que utilicen la expresión “campos polacos” y para quienes sugieran una responsabilidad de Polonia en los crímenes del nacionalsocialismo.

Desde hace décadas, las autoridades se esfuerzan en transmitir el mensaje de que el Holocausto tuvo lugar, pero que los polacos fueron sus víctimas, no sus responsables.

El PiS defiende que el proyecto es “necesario” para proteger la reputación de Polonia y adhiere a la línea histórica polaca acerca de que ellos también fueron víctimas. 

"Cada polaco tiene el deber de defender el buen nombre de Polonia. Al igual que los judíos, también fuimos víctimas”, afirmado la ex primera ministra Beata Szydlo.

Los críticos de la ley temen que la iniciativa se utilice para limitar la libertad de expresión, y organizaciones judías polacas consideran que incluso puede conducir a una falsificación de la historia.

La ley está especialmente enfocada a periodistas -ya que artistas y académicos no podrán ser perseguidos-, y afecta a todas las personas “independientemente de las leyes vigentes en el lugar donde se cometa el acto”, según el texto.

Son habituales ya las denuncias del gobierno polaco cuando medios extranjeros usan la expresión “campos de concentración polacos” para referirse a Auschwitz, un centro de exterminio ubicado en Polonia pero abierto y operado por los ocupantes nazis.