El ex vicepresidente Emmerson Mnangagwa, que mañana jurará como presidente provisional de Zimbabwe en reemplazo del dimitido Robert Mugabe, consumó un regreso triunfal a su país y prometió a sus seguidores que serán testigos del nacimiento “de una nueva democracia” tras 37 años de gobierno del derrocado líder.

En su primer discurso horas después de volver a pisar suelo zimbabwense luego de su exilio, el histórico dirigente que durante décadas fue brazo ejecutor de Mugabe prometió crear puestos de trabajo y resucitar la economía de un país donde el desempleo ronda el 90% y las tres cuartas partes de sus 16 millones de habitantes vive con unos cinco dólares estadounidenses al día.