La capital de Zimbabwe amaneció en calma luego de que el Ejército tomara el control, en medio de incertidumbre y de negociaciones tras bastidores en torno al posible final de casi cuatro décadas de gobierno del presidente Robert Mugabe.

Numerosos dirigentes, entre ellos el principal líder opositor, y organizaciones civiles, aprovecharon el vacío de poder para hacer oír su voz y urgieron a Mugabe a dar un paso al costado para iniciar una transición hacia elecciones libres y transparentes.

Mugabe, de 93 años, y su mujer Grace, que aspiraba a sucederlo, fueron puestos bajo arresto domiciliario por el Ejército, pero se desconocía el paradero del destituido vicepresidente Emmerson Mnangagwa, que abandonó el país la semana pasada.

Mugabe ha estado en control de Zimbabwe desde su independencia del Reino Unido, en 1980, pero la pelea por su sucesión, entre Grace Mugabe, de 52 años, y su rival el cesado vicepresidente Mnangagwa, ha dividido al gobernante partido Unión Nacional Africana de Zimbabwe-Frente Patriótico (Zanu-PF) en meses recientes.