"La victoria de hoy es el principio del fin de Donald Trump", aseguró el senador Bernie Sanders, tras ganar las primarias demócratas en el estado de New Hampshire y colocarse como favorito en el inicio de la carrera para encontrar el rival que se enfrentará a al gobernante republicano en las presidenciales del tres de noviembre.

Con el 26% de los votos de los afiliados demócratas, la victoria de Sanders fue estrecha en relación con su eventual contrincante, Pete Buttigieg, quien obtuvo el 24% y se había impuesto también por la mínima diferencia sobre el senador por Vermont, en las asambleas vecinales de Iowa.

Pese a ser superado esta vez por Sanders, el joven ex alcalde confirmó su condición de aspirante de primer nivel, y previsiblemente saldrá de Nueva Hampshire con la misma cantidad de delegados que su más cercano rival rumbo a la Convención Nacional del Partido Demócrata en julio.

No obstante, observadores han advertido que el éxito de Buttigieg está por verse más allá de Iowa y Nueva Hampshire, pues ahora vienen batallas en estados con una mayor población y más diversa, que los dos primeros en celebrar asambleas vecinales y elecciones primarias.

El punto débil de Buttigieg sería no tener mucho atractivo entre latinos y afro-estadounidenses, dos comunidades que junto al voto femenino permitieron a los demócratas ganar las legislativas del 2018.

En cambio, el logro de Sanders en Nueva Hampshire es relevante, ya que, si bien obtuvo una cifra menor que cuando ganó las primarias allí en el 2016 frente a Hillary Clinton, este año tuvo que imponerse sobre un mayor número de candidatos en la disputa.

En aquel momento Sanders era señalado por distintas encuestas de nivel nacional como el único candidato que podría vencer a Trump y alzarse con la presidencia. Pero finalmente Clinton fue la postulante demócrata, con los resultados por todos conocidos.

La estrategia de Sanders ha sido construir una coalición de votantes de clase obrera, minorías y jóvenes, gente que a menudo no forma parte del proceso político. Esto atrajo el voto popular en Iowa, pero admitiendo que la baja participación allí le preocupaba. New Hampshire fue una segunda prueba para saber si podía atraer a los nuevos votantes no solo para ganar la nominación sino para que los demócratas derroten a Trump en noviembre.