La región metropolitana de Santiago de Chile quedó ayer en toque de queda por tercer día consecutivo, luego de la violencia que ya se cobró la vida de once personas mientras que otras diez están con "riesgo vital". El jefe de la Defensa Nacional de Chile, el general Javier Iturriaga, anunció la continuidad de las medidas nocturnas restrictivas por los disturbios que siguen marcando las protestas contra la subida del precio del billete de metro. El toque de queda estará vigente, como en días anteriores, entre las 20.00 y las 6.00 (hora local), tras lo cual se volverá a evaluar la situación para decidir si hay que imponerlo una cuarta jornada.

"La cifra de fallecidos oficial que tenemos que lamentar en estos últimos dos días es once", dijo la intendenta de la Región Metropolitana de Santiago, Karla Rubilar, en rueda de prensa.

La situación no encuentra calma. Al grito de "Chile despertó", miles de ciudadanos se reunieron ayer en la emblemática Plaza Italia de Santiago, en protesta contra la desigualdad social y después de un fin de semana con estallidos de violencia que dejaron al menos 10 muertos, heridos, detenidos, saqueos y una fuerte represión por parte de las fuerzas de seguridad.

Los manifestantes llegaron de manera pacífica al paseo céntrico de la capital chilena y luego comenzaron a marchar en medio de consignas contra la violencia. Sin embargo, durante la marcha se produjeron algunos incidentes en los que las fuerzas de seguridad usaron granadas de gas lacrimógeno contra grupos de manifestantes.

También hubo cacerolazos en otros puntos de Santiago, una escena que se repitió en otras ciudades del interior del país. En Valparaiso y Concepción, por ejemplo, se registraron enfrentamientos entre manifestantes y agentes de seguridad.

Las protestas comenzaron la semana pasada contra un aumento en el precio de los boletos del subterráneo y se extendieron durante el fin de semana con mayor violencia, en medio de demandas por mejoras en los sistemas de salud y educación, protestas contra la distribución desigual de ingresos y exigencias para un mejor funcionamiento de los servicios previsionales y sociales.

El presidente Sebastián Piñera decidió en este contexto anular su decisión de aumentar los precios de los pasajes en el subterráneo, pero la rebelión continuó con distintas expresiones, entre ellas cacerolazos, saqueos e incendios de comercios.

Piñera dijo que el país está en una "guerra con un enemigo poderoso e implacable", una frase que llevó a su antecesora y actual alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, a pedir que se deje a un lado la "retórica inflamada" para dar paso a un diálogo capaz de controlar la situación.

Bachelet exhortó a los actores políticos y a la sociedad civil "a que inicien el diálogo y eviten la polarización de palabra o de hechos". "Estoy muy preocupada y triste de ver la violencia, la destrucción, los muertos y los lesionados en Chile en los últimos cinco días,", dijo Bachelet.

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