El presidente brasileño, Michel Temer, se reunió con alcaldes de 26 capitales regionales del país a los que pidió un mayor esfuerzo en el combate a la criminalidad, cuyo auge llevó al Gobierno a intervenir con el ejército el área de seguridad de Río de Janeiro.

"Queremos que se movilicen en torno a la seguridad pública", pues de ese modo "se envía un mensaje a quienes están en el crimen, que sabrán que habrá una respuesta muy firme y muy segura de las autoridades" en todos los niveles, declaró el mandatario.

Según Temer, las policías municipales deben cumplir "una función más efectiva", en coordinación con los cuerpos de seguridad de cada uno de los estados del país y con las fuerzas federales, como las que actúan en Río de Janeiro.

La reunión con los alcaldes se celebró una semana después de un encuentro similar convocado por Temer con los gobernadores de los 27 estados brasileños, a los que ofreció créditos públicos por valor de 40.000 millones de reales (cerca de 12.500 millones de dólares) para inversiones en el área de seguridad.

El mandatario reconoció que, así como ocurre con los estados, los municipios brasileños pasan por serias dificultades financieras derivadas de la crisis económica en que estuvo sumergido el país los últimos años, que ha menguado la capacidad de inversión tanto en equipos como en capacitación para los cuerpos policiales.

Sin embargo, el presidente insistió en que una mayor acción de las policías municipales "ejercerá una prevención muy significativa", que se debe dar a través de la presencia de las autoridades en "las plazas, en las calles y frente a las escuelas".

Tras la intervención en Río de Janeiro, que puso a las policías de ese estado bajo el comando directo de las Fuerzas Armadas, el gobierno brasileño ha hecho de la seguridad pública su principal prioridad, con la meta de reducir las cifras que muestran las estadísticas, según las cuales unas 60.000 personas mueren cada año en Brasil en forma violenta.