El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, fue trasladado esta tarde a una sala de cuidados intensivos después de haber sido ingresado anoche a un hospital con síntomas persistentes de coronavirus, diez días después de haber dado positivo, confirmó la BBC.

La preocupación por la salud del premier británico se dejó sentir en la economía de inmediato: La libra británica se derrumbó frente al dólar después del anuncio del gobierno y la gran expectativa es cómo reaccionarán los mercados mañana, especialmente dado el impacto económico que la pandemia ya está teniendo sobre la economía del país, en un año en el que los pronósticos ya eran malos por la salida de la Unión Europea.

Reino Unido ha sido uno de los países europeos más golpeados en Europa por la pandemia, detrás de Italia, España, Francia y Alemania, con más de 52.200 casos y casi 5.400 muertos.

Aunque el país parece haber comenzado a controlar su curva de transmisiones en esta pandemia; la sociedad entera fue sacudida por la noticia de que el primer ministro fue internado en terapia intensiva. Según trascendió, Johnson pidió al secretario de Relaciones Exteriores, Dominic Raab, que lo sustituya en sus función, dijo un vocero del gobierno británico.

Según reportó la cadena de noticias británica BBC, el primer ministro había sido llevado al hospital por "precaución" y para lo que fue descrito como "pruebas de rutina".

Sin embargo, se informó este lunes que Johnson tuvo que ser derivado a una sala de terapia intensiva a causa del virus Covid-19 que lo aqueja.

"Desde el domingo por la noche, el primer ministro ha estado bajo el cuidado de médicos en el Hospital St.Thomas, en Londres, después de ser internado con síntomas persistentes de coronavirus", indicó el vocero de Downing Street, la residencia oficial del gobierno británico.

Confirmó, además, que en el transcurso de esta tarde la condición del primer ministro empeoró y, por consejo de su equipo médico, fue trasladadon a la unidad de cuidados intensivos del hospital.

"Anoche, siguiendo el consejo de mi médico, fui al hospital para algunas pruebas de rutina, ya que todavía estoy experimentando síntomas de coronavirus; estoy de buen humor y manteniéndome en contacto con mi equipo, mientras trabajamos juntos para combatir este virus y mantener a todos a salvo", había escrito por la mañana en la red social Twitter.

"Me gustaría dar las gracias a todo el brillante personal del NHS (Servicio Nacional de Salud) que cuida de mí y de otros en este momento difícil; son lo mejor de Gran Bretaña,. manténgase a salvo y recuerde quedarse en casa para proteger el NHS y salvar vidas", agregó.

El premier británico, que tiene 55 años, comenzó a atender la pandemia con un discurso optimista y tranquilizador, en el que la única exigencia a los ciudadanos era que se “lavaran las manos el tiempo que dura cantar dos veces el Cumpleaños feliz”. Sin embargo, el correr de los días lo obligó a revisar sus políticas y poco a poco dio el brazo a torcer, al punto de dar un giro de 180º a su estrategia en la lucha contra el coronavirus.

Antes de eso, su asesor Patrick Vallance, explicaba a la BBC: “La inmensa mayoría de los contagiados sufrirá trastornos leves, y de ese modo conseguiremos construir cierta inmunidad de grupo para que más y más gente sea resistente a la enfermedad y reduzcamos el número de contagios”.

Apenas diez días después de esas declaraciones, el 23 de marzo Johnson ordenó el cierre de bares, restaurantes y otros establecimientos de ocio para incrementar el distanciamiento social. Además, su gobierno prometió hacerse cargo del 80% de los salarios para evitar despidos.

Lo que comenzó como algo poco serio, que iba a poder sobrellevarse gracias a la inmunida de grupo derivó en un llamamiento de urgencia a la ciudadanía para evitar el colapso.

El Gobienro de Johnson demoró todo lo posible el cierre de colegios y espacios públicos bajsado en las las indicaciones de los dos principales asesores del Primer Ministro, quien decidió utilizarlos, a la vez, como una suerte de escudo protector. Políticamente, podría haber funcionado, en cuestión de salud, puede fallar.