La cumbre de los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Corea del Norte, Kim Jong-un, concluyó en Singapur con la firma de una declaración conjunta de alto valor simbólico, pero sin precisiones sobre los objetivos planteados.

Trump consiguió avances en su promesa de lograr el desarme nuclear de Pyongyang, aunque sin plazos ni medidas concretas que permitan configurar una hoja de ruta o vislumbrar un calendario tentativo que varias potencias le exigen a Kim.

El jefe de la Casa Blanca también logró recuperar parte del espacio perdido como líder mundial durante la cumbre del G7 celebrada este fin de semana en Canadá, donde se retiró anticipadamente tras varios cortocircuitos con el resto de los socios del grupo en temas como el cambio climático y el pacto con Irán.

Kim, en tanto, dio la señal de haber dado un gran paso adelante en su objetivo de ser aceptado como un dirigente legítimo en la comunidad internacional.

El comunicado de cuatro puntos, publicado por la Casa Blanca, expresa el compromiso de Pyongyang a la "completa desnuclearización de la península coreana", mientras que Estados Unidos aportará garantías de seguridad al gobierno de Kim.

Ambos países se comprometen a colaborar en el establecimiento de un "régimen de paz duradero y estable" con vistas a la futura firma de un acuerdo que ponga fin formalmente a la guerra de Corea (1950-1953), cosa que Trump espera que ocurra "pronto".

El Gobierno norcoreano entregará los restos de antiguos prisioneros de guerra y desaparecidos en combate.

En la declaración no hay calendario ni hoja de ruta. Las medidas concretas para implementar estos objetivos deberán ser fruto de un proceso de negociación que quedó en manos del secretario de Estado, Mike Pompeo, y de las autoridades norcoreanas, además de técnicos y diplomáticos.

Trump insistió en que se mantiene el objetivo final de una desnuclearización completa, verificable e irreversible y subrayó que las sanciones se mantendrán mientras Corea del Norte mantenga sus armas.

"El estado de guerra sigue desde hace 70 años, pero pronto terminará", dijo el mandatario, que subrayó que "el pasado no debe definir el futuro".

En esta línea, Trump dijo que se acabaron las maniobras militares conjuntas de su país con Corea del Sur, que -aseguró- cuestan "un dineral" y son "una provocación", una declaración que descolocó a militares estadounidenses y surcoreanos.

Kim se mostró muy satisfecho durante la ceremonia en la que se suscribió la declaración. "El mundo verá un gran cambio", dijo.

Nunca antes un presidente estadounidense se había reunido con un líder del régimen comunista de Corea del Norte ni se habían mantenido contactos diplomáticos bilaterales.

Las dos naciones expresaron su deseo de refundar sus relaciones respondiendo al deseo de ambos pueblos de "paz y bienestar", afirma la declaración reproducido por agencias internacionales de noticias.

Trump anunció que quiere invitar a Kim a la Casa Blanca para continuar con las conversaciones, lo que constituye toda una victoria para el líder de un país aislado internacionalmente.

"Estamos orgullosos de lo que ocurrió hoy", dijo Trump, que tampoco descartó visitar Pyongyang "en el momento oportuno".