En medio de la multiplicación de reclamos antirracistas en Estados Unidos, el presidente Donald Trump decidió retomar su campaña electoral, después de las cuarentenas decretadas por la pandemia de coronavirus (Covid-19), con un acto en el día que el país conmemora el fin de la esclavitud y en una ciudad famosa por una de las peores masacres que hayan sufrido los negros en la época de la segregación.

Como si estos simbolismos no fueran suficiente para desatar una ola de críticas entre activistas, historiadores, líderes políticos y referentes negros y dirigentes opositores, los principales medios estadounidenses adelantaron que el discurso de Trump incluirá la cuestión racial y estará escrito por el mismo asesor que diseñó su política migratoria, Stephen Miller.

"Esto no es solo un guiño para los supremacistas blancos, (Trump) les está organizando una fiesta de bienvenida", denunció en Twitter ayer la senadora Kamala Harris, una de las mujeres que suena como posible compañera de fórmula de Joe Biden para las elecciones presidenciales.

El asesinato de George Floyd, un hombre de 46 años negro que fue asfixiado cuando lo detenían cuatro policías blancos en Minneapolis, desató hace casi tres semanas una ola de protestas en todo el país, que forzaron a ciudades, estados y hasta a parte del Congreso federal a impulsar o aprobar reformas para poner fin a la brutalidad y el racismo de las fuerzas policiales.

Trump, quien hasta ahora no acompañó ninguna de estas reformas ni reclamos, decidió relanzar su campaña el viernes 19 de junio, fecha en que los estadounidenses celebran el Día de la Libertad (Juneteenth) en conmemoración de la noche en 1865, cuando la Proclamación de Emancipación del presidente Abraham Lincoln que puso fin a la esclavitud llegó al último estado de la Confederación, el sureño Texas.

Y este no es el único simbolismo que generó rechazo en la oposición y las comunidades negras. El segundo fue que Trump eligió la ciudad de Tulsa para su primer acto electoral en meses.

Cuál es la historia de Tusla

En 1921, Tulsa fue el escenario de una de las más grandes masacres cometidas por supremacistas blancos contra la minoría negra bajo la inacción de las autoridades y las fuerzas de seguridad, una connivencia típica de esos años de segregación legal.

El acto de Trump se realizará a solo unas cuadras del barrio -o más bien, gueto- en el que alrededor de 10.000 vecinos blancos armados mataron a unos 300 afroestadounidenses e hirieron a otros 800.

"Es casi blasfemo para la gente de Tulsa e insultante para la idea de libertad de nuestro pueblo, que es lo que Juneteenth simboliza. Ese fue el día que esas personas en Texas se enteraron que eran libres. La yuxtaposición con la masacre de negros es indignante", sentenció hoy la historiadora CeLillianne Green, junto a otros colegas, en una nota del diario The Washington Post.

Ante la lluvia de críticas, Trump pidió que tomen el acto en esa fecha "como una celebración". "Será una verdadera celebración y es una fecha interesante, aunque no fue elegida por esa razón", aseguró en una entrevista con Fox News.

Además del simbolismo y del contenido del discurso que dará el mandatario, otra preocupación que rodea este primer acto masivo -el centro de eventos elegidos tiene capacidad para 19.000 personas- es la posibilidad de un contagio masivo de coronavirus.

En los últimos días, expertos han advertido que más de la mitad del país está experimentado un aumento significativo de casos, lo que hizo que el país superara ayer los 2 millones de infectados.

Pese a este nivel de contagio, todos los estados continúan con sus reaperturas y, ahora Trump, reactivará la campaña, aunque la invitación a su acto en Tulsa tiene una aclaración en letra chica.

"Al participar del acto, usted y todos los invitados asumen voluntariamente todos los riesgos vinculados con la exposición a la Covid-19 y aceptan no hacer responsable al presidente Donald Trump de cualquier enfermedad o herida", según la radio pública NPR.