El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, echó por su cuenta de la red social Twitter al secretario de Estado, Rex Tillerson, y nominó al director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, para reemplazarlo.

Al mismo tiempo, Trump designó al frente del organismo de inteligencia a Gina Haspel, que será así la primera mujer en el cargo en caso de ser confirmada por el Senado.

Medios estadounidenses destacaron que Haspel dirigió un centro de detención clandestino de la CIA en Tailandia donde se torturó a un presunto militante de la red Al Qaeda luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Tillerson, quien había tenido públicos desencuentros con el mandatario, fue despedido horas después de regresar de una gira por África y sin mantener ninguna conversación previa con el presidente.

Respecto al acuerdo nuclear con Irán y a otras cuestiones internacionales, Trump dijo que él y Tillerson no estaban "realmente pensando lo mismo".

"Discrepábamos en cosas", dijo Trump a periodistas en la Casa Blanca antes de partir hacia California, en comentarios diplomáticos sobre una relación difícil que incluyó informaciones de prensa de que Tillerson había dicho en una conversación privada que el presidente era un "idiota".

En sus primeras declaraciones en público tras ser destituido, Tillerson dijo que delegaba todas sus funciones en el vicesecretario de Estado John Sullivan y que su último día en el cargo será el 31 de marzo.

Desde el Departamento de Estado, el funcionario saliente, un texano de 65 años, agradeció al pueblo, al personal a su cargo y a toda la diplomacia del país, pero no al presidente Trump, de quien sólo dijo que lo llamó por teléfono "después del mediodía" cuando volaba hacia California, horas después del tuit con el que anunció su salida de la administración.

Con el cambio, Trump pone a Pompeo, un ardiente enemigo del acuerdo nuclear con Irán, a cargo de la diplomacia estadounidense justo cuando el presidente considera si retira del pacto a Estados Unidos.

Tillerson presionaba a Trump para no denunciar el acuerdo y se había embarcado en una delicada estrategia con aliados europeos para tratar de mejorar el pacto o de hacerlo más digerible para el mandatario.

"Cuando uno mira el acuerdo nuclear con Irán, yo pensaba que era terrible, él pensaba que estaba bien. Así que realmente no estábamos pensando lo mismo", dijo Trump en la Casa Blanca. "Creo que Rex va a estar mucho más feliz ahora", agregó.

El enroque llega también en medio de una inesperada apertura diplomática hacia Corea del Norte, con Trump listo para celebrar una reunión histórica con el líder Kim Jong-un en mayo.

Presionar a Corea del Norte con sanciones y con otras medidas de aislamiento fue una de las prioridades de Tillerson, que era uno de los funcionarios que más impulsaba alguna instancia de conversaciones con el gobierno comunista.