El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aterrizó este jueves en el foro de Davos con la promesa de convertirse en el mejor “vendedor” de su país ante la élite mundial. 

Trump llegó a bordo del Air Force One al aeropuerto de Zúrich y luego tomó un helicóptero hasta la estación alpina para participar en el Foro Económico Mundial (WEF), que reúne a líderes económicos y políticos y donde quiere explicar el famoso lema “Estados Unidos primero” ("América First"). 

Poco antes de salir de Estados Unidos, Trump escribió en Twitter que contará al mundo “lo grande que es Estados Unidos” y aseguró que “nuestro país por fin vuelve a GANAR” 

A la espera de discurso del viernes, varios miembros de su administración ya están en Davos. 
Es el caso del secretario estadounidense del Tesoro, Steven Mnuchin, aseguró que un dólar débil era beneficioso para Estados Unidos y sus exportaciones y que el país “no estaba preocupado” por su nivel a corto plazo. Sus declaraciones tuvieron como consecuencia hacer subir el euro frente al dólar a su nivel más alto en tres años, lo que favorece las exportaciones estadounidenses. 

"Hace mucho tiempo que hay guerras comerciales. Pero la diferencia es que ahora las tropas estadounidenses van al frente”, advirtió el miércoles Wilbur Ross, el secretario de Comercio estadounidense. 

En la agenda de Trump en Davos está un encuentro con la primera ministra británica Theresa May, con el jefe del gobierno israelí Benjamin Netanyahu y con el presidente de Ruanda Paul Kagame, entre otros. 

May, que hablará este mismo jueves en Davos, quiere pedir a los inversores que presionen a los gigantes tecnológicos para que luchen contras las noticias falsas ("fake news"), pero también contra el odio y el acoso sexual en las redes.

Trump, el primer presidente estadounidense que viaja a Davos desde Bill Clinton, en el año 2000, suscita reacciones contradictorias entre los cerca de 2.500 delegados y 70 jefes de Estado y de gobierno que están en el pequeño pueblo suizo. 

Por una parte, los grandes empresarios se felicitan de su reciente reforma fiscal, que reduce la tasa de imposición de las empresas, así como de la subida de la bolsa en Estados Unidos y del robusto crecimiento económico. 

Pero al mismo tiempo su discurso proteccionista y sus declaraciones intempestivas sobre cuestiones geopolíticos no gustan en Davos, donde muchos de los seminarios están dedicados a explicar los beneficios del libre comercio y la globalización.