La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó por estrecho margen el presupuesto para 2018, con lo que abre paso a la prometida reforma tributaria del presidente Donald Trump, que se anotó de esta forma su primera gran victoria legislativa luego de reiterados fracasos con el Obamacare, por ejemplo.

“¡Gran noticia, el presupuesto acaba de pasar!”, escribió en Twitter el mandatario tras la votación, en la que pese a las divisiones entre los republicanos, la partida para el año 2018, de 4 billones de dólares, fue aprobada con 216 votos a favor y 212 en contra.

“No subestimen la unidad republicana”, había advertido un rato antes Trump en la misma red social.

La importancia del proyecto reside en que incluye una enmienda que habilita al Senado a aprobar la futura reforma fiscal con una mayoría simple de 51 votos, en lugar de los habituales 60 que se requieren.

Eso ayudará a los republicanos, con una mayoría de 52 escaños en el Senado, a sortear la oposición demócrata para sacar adelante su plan impositivo, aunque tampoco está garantizado que lo logren, como ya se demostró en sus esfuerzos fallidos por derogar la ley de salud.

La Casa Blanca y los líderes republicanos del Congreso dieron a conocer el mes pasado un esquema de la nueva propuesta tributaria, pero el detalle de la reforma todavía se desconoce.

Entre los principales puntos se destaca una reducción del impuesto a las empresas de 35% a 20%, el recorte de la tasa a los ingresos de la mayoría de los hogares y la supresión de numerosas deducciones fiscales, en nombre de una simplificación.

Según el Tax Policy Center, el 1% de los hogares más ricos experimentaría un aumento de 8,5% de sus ingresos netos en 2018, mientras que el benefi cio sería mucho más limitado -entre 0,5 y 1,2%- para el 95% de los hogares de menores ingresos.

Los demócratas, que rechazaron el presupuesto en ambas cámaras, afi rman que la reforma fiscal que quiere aprobar Trump es un regalo para los ricos y las corporaciones y que si se aprueba hará crecer el déficit federal.

  • Dictan emergencia nacional de salud por opiáceos

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró la “emergencia de salud pública” por el abuso de analgésicos opiáceos, responsables de la muerte de un promedio de 91 estadounidenses al día, una medida que ampliará el acceso a servicios médicos en áreas rurales, entre otros cambios.

Trump cumplió así con una promesa que hizo en agosto pasado, cuando declaró como “emergencia nacional” la adicción a los analgé- sicos, lo que habilitó legalmente al gobierno a destinar nuevos fondos a esta crisis, así como a intervenir en la industria farmacéutica para abaratar el precio de algunos medicamentos.

Pese a tener estas nuevas prerrogativas legales, el presidente no las utilizó. Pero la difusión de un reciente informe periodístico, que alertaba sobre el enorme saldo de víctimas -cerca de un centenar de estadounidenses por día- y la connivencia entre el lobby de las empresas farmacéuticas y el Estado, volvió a desatar la polémica y a crear presión social.

“Esta epidemia es una emergencia nacional de salud”, dijo Trump ayer en un discurso en la Casa Blanca, en el que destacó que ningún segmento de la sociedad estadounidense se salva de este fl agelo.