La puja comercial entre Estados Unidos y China tiene en vilo a las economías del mundo, dado el tamaño de los contendientes y el rebote que puede tener en el comercio global una agudización de la pulseada, en momentos en que todavía no se ha salido totalmente de la crisis originada en 2008.

Una guerra de aranceles cruzados podría causar una reducción del comercio global debido a las mayores restricciones, y una consecuente retracción productiva en numerosos sectores, con su correlato inevitable de despidos, reducción de la riqueza y malestar social.

Si bien todo parece indicar que ambos gigantes suben la apuesta para negociar mejor (los aranceles cruzados aun no tienen fecha de aplicación), cabe citar una frase vista ayer en El País: “cuando dos elefantes luchan, el que más sufre es el pasto de abajo”.