La protesta que exige la renuncia de la presidenta interina autoproclamada, Jeanine Áñez, se volvió más grande este viernes y los campesinos e indígenas se mostraron más enojados y desesperados por hacerse escuchar en el corazón del poder político de Bolivia, en medio de nubes de gases lacrimógenos, rodeados por cientos de policías y soldados. En Cochabamba, donde los manifestantes sufrieron una feroz represión, hubo al menos cinco muertos.

Las columnas de federaciones campesinas, docentes rurales y grupos de juntas vecinales avanzaron a veces corriendo, a veces caminando, a lo largo de la avenida Mariscal Santa Cruz, desde el obelisco hasta la plaza mayor de San Francisco en La Paz, siempre vigiladas de cerca por los cordones de las fuerzas de seguridad, que pretendían estar ahí para garantizar el perímetro sur de la zona de plaza Murillo, donde están los principales edificios del Estado nacional.

"Paren la masacre"

A 383 kilómetros, en Cochabamba, una feroz represión se desató contra los manifestantes. Una enorme columna de cocaleros marchó pacíficamente por la ciudad y sus alrededores, hasta que la Policía comenzó a reprimirlos con gases lacrimógenos y disparos.

Agredidos y amenazados, los periodistas extranjeros dejaron el país en las últimas horas y, mientras los grandes medios son acusados de ocultar la feroz represión, algunos periodicos locales tomaron la posta para informar lo que ocurre en las calles. ¿Por qué expulsaron a los medios extranjeros de Bolivia? Para el presidente derrocado, Evo Morales, la masacre ya comenzó.

Tras las primeras noticias de la represión y las víctimas, Morales tuiteó desde su exilio en México: "Condeno y denuncio ante el mundo que el régimen golpista que tomó el poder por asalto en mi querida Bolivia reprime con balas de las Fuerzas Armadas y la Policía al pueblo que reclama pacificación y reposición del Estado de Derecho. Ahora asesinan a nuestros hermanos en Sacaba, Cochabamba".

"Pedimos a las Fuerzas Armadas y a la Policía Boliviana que paren la masacre. El uniforme de las instituciones de la Patria no puede mancharse con la sangre de nuestro pueblo", agregó.

Mientras se multiplicaban las imágenes de una multitud corriendo desesperada para escapar de los gases lacrimógenos de la Policía y de salas de hospitales desbordadas, el representante de la Defensoría del Pueblo en Cochabamba, Nelson Cox, informó, según la agencia de noticias EFE: "Penosamente tenemos cinco (muertos) en Sacaba".

El diario Página 7 informó que al menos cinco productores de hoja de coca que participaban de la manifestación fueron heridos de bala y quedaron internados en el hospital Viedma de la zona.

El diario La Razón Digital, en tanto, denunció una represión policial similar en la localidad de Sacaba al este de la ciudad de Cochabamba, y mostró escenas del hospital México del lugar, con la sala de emergencia completamente desbordada.

El video que publicó muestra varios heridos en camillas y otros tirados sobre colchones afuera del hospital, a la espera de ser atendidos.

La columna de cocaleros que comenzaron a marchar hace más de un día desde el Chapare, la cuna política del presidente derrocado, debería llegar a La Paz el domingo, para unirse a las decenas de miles de campesinos e indígenas que hace días exigen en las calles la renuncia de la presidenta autoproclamada.

Máxima tensión

En La Paz, mientras tanto, todo se daba en un clima de máxima tensión, siempre a la espera de la próxima ronda de gases lacrimógenos, que generaban corridas, arrestos y miedo a una nueva represión como la de los últimos días, que se cobró varias vidas y dejó un número por ahora desconocido de heridos y detenidos.

"Nos quieren gobernar los mismos que nos masacraron en 2003. Los mismo vuelven ahora. Pero ahora puede ser peor porque la gente se despertó. Ya vivimos años en paz con Evo (Morales) y ahora ninguno de nosotros está dispuesto a volver a lo que pasaba antes", aseguró a Télam Alberto Zomero, un campesino de 65 años.

Mientras se esfuerza por arremangarse el pantalón para mostrar las marcas de los balinazos que recibió en la represión de las protestas de 2003, cuando gobernaba Carlos Mesa, el mismo líder que ayer prometió volver a presentarse como candidato presidencial en las elecciones que convoque Áñez, describe la situación explosiva que se vive en las calles.

"Cada día llegamos más campesinos e indígenas de los 20 departamentos y los campesinos van a cortar la llegada de alimentos. El pueblo, acá presente, va a sufrir, pero de acá no se va nadie", sentenció.

En el mercado callejero que salpica una de las calles zigzagueantes que une El Alto con La Paz, las colas para comprar pan y los alimentos ya comenzaron a aparecer y hasta el gobierno de facto reconoció que existe temor a un desabastecimiento de combustible en la capital.

Pero ese no era el principal temor que se escuchaba en las calles.

"Están cazando a los dirigentes del MAS (el partido de Morales) en todo el país", gritó una mujer vestida con la tradicional pollera de las campesinas indígenas.

"No es solo al MAS. Desde el domingo, todas las noches aparecen hombres enmascarados en El Alto y saquean nuestras escuelas, nuestros mercados y nuestras casas", contó la directora de 47 años de la Junta Escolar de la zona Amor de Dios de esa región vecina de La Paz.

"Cerramos todas nuestras escuelas para proteger a nuestros hijos. Todas las noches organizamos vigilias para garantizar que no vuelvan a entrar. No podemos dormir en paz. En El Alto estamos abandonados por la policía, las Fuerzas Armadas, por la prensa nacional, por todos. Estamos solos", agregó.

Cada día que pasa, más personas llegan a la capital desde las zonas rurales y de otras ciudades del país. El domingo se espera una verdadera multitud.

Áñez se aferra a su nuevo poder y se encierra detrás de un nutrido cordón policial y militar, que hasta ahora ha mantenido a los manifestantes lejos de la Plaza Murillo, alrededor de la cual está la sede de gobierno y de la Asamblea Legislativa.

Cuanto más se acerca la marea humana de la protesta a ese perímetro de seguridad, más crece la ira contra la policía, la fuerza que se amotinó la semana pasada y permitió el avance de los manifestantes cívicos liderados por el cruceño Luis Fernando Camacho, que terminaron siendo el principal apoyo civil para el derrocamiento de Morales y la asunción de Áñez.

Pese a que las Fuerzas Armadas le "sugirieron" a Morales que renunciara, para muchos de los que marcharon hoy los militares no son lo mismo que la Policía.

"Sí, es verdad, se dieron vuelta y traicionaron al presidente, pero solo al final", explicó una mujer mientras atrás una multitud gritaba, casi pegada a un cordón de soldados y un tanque del Ejército: "Militares sí, Policía no" y "Policía, motín, el pueblo no te quiere".

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