El presidente de Rusia, Vladimir Putin, realizó ayer una visita sorpresa a Siria, primer viaje al país desde el inicio del conflicto en el país árabe en 2011, donde en compañía de su homólogo Bashar al Assad ordenó el inicio de la retirada de las fuerzas rusas desplegadas en ese país.

"He ordenado al ministro de Defensa y al jefe del Estado Mayor de las fuerzas rusas en Siria que empiecen a retirar parte de las tropas rusas hacia sus bases permanentes. Tomé la decisión de que parte del contingente militar de Rusia localizado en Siria regrese", dijo Putin en la base aérea rusa de Hmeimim.

El jefe del Kremlin habló ante los militares de esa base aérea desplegada en la provincia costera de Latakia, y en presencia de Al Assad, el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, y el comandante del contingente militar ruso en el país árabe, Serguei Surovikin. "A lo largo de dos años y medio, las Fuerzas Armadas de Rusia junto con el Ejército sirio destruyeron a los grupos terroristas internacionales más potentes militarmente", dijo Putin.

La llegada del mandatario ruso a Siria no estaba prevista ni anunciada por Moscú, que sí había anticipado que Putin realizaría visitas oficiales a Egipto y Turquía para analizar la situación de la región desatada a partir de la decisión de Estados Unidos de trasladar su sede diplomática a Jerusalén.

Para Putin ya están creadas "las condiciones para un arreglo político" a la crisis de Siria "bajo la égida de la ONU y los refugiados están regresando a sus casas", aunque advirtió que "si los terroristas levantan la cabeza de nuevo, los golpearemos de tal forma como nunca la han visto".

En 2015 Rusia comenzó su intervención en Siria para apoyar a las fuerzas gubernamentales, lo que constituyó un cambio radical del conflicto ya que desde entonces el curso de la guerra se caracterizó por las sucesivas derrotas de los yihadistas.