Encuestas y clima global

Del respeto a la desconfianza: cómo el mundo percibe al EEUU de Donald Trump

Un relevamiento de encuestas internacionales publicado por el Wall Street Journal expone una caída sostenida de la confianza en EEUU, con Europa como principal foco del deterioro.

Algo cambió en la forma en que el mundo mira a Estados Unidos. No se trata solo de desacuerdos políticos o tensiones diplomáticas: las encuestas empiezan a mostrar una pérdida de confianza sostenida entre países que durante décadas lo consideraron un aliado previsible.

Pocas ciudades sintetizaron mejor esa relación transatlántica que Berlín. Durante años, Estados Unidos encarnó allí una promesa de respaldo político y militar. Hoy, el clima es otro: menos respeto automático y una desconfianza que ya se refleja tanto en la calle como en los sondeos.

Ese giro quedó reflejado en un relevamiento de encuestas internacionales publicado por The Wall Street Journal, que registró un deterioro marcado de la imagen de EEUU entre aliados históricos desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump.

La confianza en caída

En el Reino Unido, el 64% de los consultados expresó una visión desfavorable de EEUU, una cifra que duplicó la registrada dos años atrás y superó con amplitud a quienes sostuvieron una opinión positiva.

En Alemania, el cambio resultó aún más profundo: el 71% definió a EEUU como un "adversario". En el conjunto de Europa, apenas el 16% lo consideró un aliado. "La imagen de Estados Unidos está tocando fondo", afirmó Peter Matuschek, director de la consultora Forsa.

De aliado a actor imprevisible

Los sondeos coincidieron en un punto central: la caída no respondió a un rechazo ideológico abstracto, sino a una pérdida de confianza. El recorte de la ayuda exterior, la salida de organismos multilaterales, la interrupción de la asistencia militar directa a Ucrania y la imposición de nuevas barreras comerciales aparecieron como factores recurrentes en la explicación del giro.

A ese cuadro se sumó el tono presidencial. En el Foro Económico Mundial de Davos, Trump cuestionó a líderes europeos, criticó a Canadá y afirmó de manera incorrecta que los aliados no enviaron tropas de combate a Afganistán, una declaración de la que luego se retractó. Para analistas y encuestadores, el episodio reforzó la percepción de imprevisibilidad.

Un fenómeno que excede a Europa

La pérdida de confianza no se limitó al continente europeo. En Canadá y México, cerca de dos tercios de la población sostuvo una imagen desfavorable de EEUU. En América latina, Brasil mostró una tendencia similar.

En Asia, aproximadamente la mitad de los surcoreanos describió a EEUU con adjetivos como "amenazante", "autoritario" o "poco honesto". Episodios como redadas migratorias que afectaron a trabajadores extranjeros reforzaron esa percepción.

Dónde la imagen resiste

El panorama no resultó homogéneo. Las encuestas registraron mejoras en Israel tras el respaldo de Washington a su ofensiva en Gaza. También se observaron subas en India y una evaluación apenas positiva en Argentina, donde el presidente Javier Milei mantuvo una relación política cercana con Trump. En Venezuela, sectores opositores valoraron las sanciones contra Nicolás Maduro.

Costos económicos y simbólicos

La desconfianza se tradujo en decisiones concretas. El número de turistas que viajaron a EEUU cayó un 6% el año pasado, con fuertes descensos desde Canadá y México. Empresas y gobiernos comenzaron a diversificar proveedores y mercados ante un escenario percibido como inestable.

En Canadá, supermercados identificaron productos locales para reducir la dependencia de importaciones estadounidenses y surgieron aplicaciones que promovieron el consumo nacional. "Todo se volvió impredecible", resumió uno de sus desarrolladores.

Europa, el vínculo más tensionado

El deterioro más persistente apareció en Europa. Pese a los intentos de los gobiernos por evitar represalias comerciales y aumentar el gasto en defensa, las encuestas reflejaron una ruptura de confianza en el liderazgo estadounidense. Las amenazas sobre Groenlandia, territorio de Dinamarca, marcaron un punto de inflexión en esa percepción. En ese clima, incluso gestos simbólicos comenzaron a resquebrajarse: en Dinamarca, autoridades locales retiraron financiamiento a la tradicional celebración del 4 de julio si no se excluía de los actos a representantes oficiales de EEUU.

El dato central no fue el rechazo abierto, sino el cambio de categoría: de socio confiable a actor imprevisible. En esa transición, el respeto que durante décadas sostuvo la alianza atlántica cedió lugar a una desconfianza que, según los sondeos, ya se instaló en buena parte del mundo.

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