EEUU, China y la UE buscan definir reglas para la nueva carrera tecnológica
OpenAI propuso avanzar hacia un esquema internacional de gobernanza para la inteligencia artificial ante el crecimiento de riesgos globales
La inteligencia artificial ya ocupa un lugar central en la disputa geopolítica global. La competencia por desarrollar modelos más avanzados, controlar el acceso a chips de alto rendimiento y fijar estándares internacionales transformó a la IA en un tema estratégico para las principales potencias.
En ese escenario, OpenAI abrió un nuevo debate al respaldar la creación de un organismo internacional de gobernanza para la inteligencia artificial liderado por Estados Unidos, pero con participación de China y otros actores globales.
Chris Lehane, vicepresidente de asuntos globales de la compañía, sostuvo que Washington tiene la oportunidad de aprovechar su liderazgo tecnológico para construir un marco internacional enfocado en el desarrollo de sistemas "seguros y resilientes". Según explicó, el objetivo sería crear una estructura global en la que puedan participar distintos países, incluida China.
La propuesta aparece en medio de una creciente tensión entre Washington y Beijing por el dominio tecnológico. Sin embargo, también refleja una preocupación cada vez más extendida dentro de la industria: el avance acelerado de sistemas capaces de generar riesgos para la seguridad, la infraestructura digital y la estabilidad internacional.
Un modelo inspirado en la energía nuclear
Lehane comparó la iniciativa con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), creado durante la Guerra Fría para establecer estándares comunes de seguridad nuclear aun en un contexto de fuerte rivalidad entre potencias.
La analogía apunta a un esquema en el que los países compiten por liderazgo tecnológico, pero aceptan reglas mínimas para reducir escenarios de alto riesgo. En el caso de la IA, eso podría incluir protocolos de evaluación de modelos avanzados, estándares internacionales de seguridad y mecanismos de cooperación frente a usos dañinos de la tecnología.
OpenAI también planteó articular el Centro para Estándares e Innovación en IA del Departamento de Comercio de Estados Unidos con institutos de seguridad de inteligencia artificial que distintos gobiernos impulsan alrededor del mundo.
Sin embargo, el alcance político de esa idea todavía genera dudas. La posibilidad de que China participe en la definición de reglas globales aparece como un tema sensible para sectores de Estados Unidos, especialmente en medio de restricciones comerciales y controles a la exportación de chips avanzados.
La pelea por los chips
Las declaraciones de OpenAI coincidieron con la visita de Donald Trump a China para reunirse con Xi Jinping. La inteligencia artificial y los semiconductores forman parte del núcleo más sensible de la relación bilateral.
La delegación empresarial que acompañó a Trump incluyó a Jensen Huang, CEO de Nvidia, la empresa líder en chips avanzados y uno de los actores más importantes de la carrera global por la IA.
Los semiconductores de alto rendimiento son esenciales para entrenar modelos cada vez más sofisticados. Por eso, Estados Unidos endureció en los últimos años las restricciones para exportar ciertos chips a China, con el objetivo de limitar el avance tecnológico de Beijing.
Al mismo tiempo, China aceleró inversiones multimillonarias para desarrollar una industria local capaz de reducir su dependencia de proveedores occidentales.
La competencia tecnológica entre ambas potencias ya impacta sobre comercio exterior, seguridad nacional y política internacional. Pero también abrió una discusión más amplia: cómo evitar que el desarrollo acelerado de la IA genere riesgos difíciles de controlar.
Riesgos y cooperación limitada
David Sacks, exasesor de inteligencia artificial de la Casa Blanca, sostuvo que Estados Unidos y China podrían explorar acuerdos puntuales, sobre todo en materia de estándares cibernéticos y prevención de usos maliciosos de sistemas avanzados.
La preocupación creció tras la aparición de modelos de última generación como Mythos, desarrollado por Anthropic, que despertó alarma por su capacidad para detectar vulnerabilidades complejas en sistemas informáticos.
El temor ya no se concentra únicamente en la competencia entre Estados. También incluye la posibilidad de que organizaciones criminales o actores no estatales utilicen herramientas de IA para automatizar ataques, espionaje o sabotaje digital.
En ese contexto, la discusión sobre gobernanza global empezó a ganar peso dentro de gobiernos y empresas tecnológicas.
Europa busca no quedar relegada
La Unión Europea intenta posicionarse como un actor relevante en este debate. El comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, respaldó la idea de impulsar una gobernanza internacional de la IA, aunque reconoció que alcanzar consensos globales será difícil.
Según advirtió, algunas potencias podrían considerar más conveniente continuar la carrera tecnológica sin aceptar límites multilaterales.
Aun así, Bruselas busca evitar que Europa vuelva a quedar rezagada frente a Estados Unidos y China, como ocurrió durante la expansión de internet y las grandes plataformas digitales.
Dombrovskis recordó que la UE conserva fortalezas importantes en investigación científica, industria y producción de chips. También destacó el papel estratégico de ASML, la empresa neerlandesa que fabrica sistemas de litografía ultravioleta esenciales para producir semiconductores avanzados.
La discusión sobre gobernanza global de la inteligencia artificial refleja así una tensión cada vez más visible: las principales potencias compiten por liderazgo económico y tecnológico, pero al mismo tiempo necesitan algún nivel de cooperación para contener riesgos sistémicos.
La incógnita ahora es si Washington, Beijing y Bruselas estarán dispuestos a construir ese equilibrio antes de que la velocidad de la IA supere la capacidad política para regularla.

