Irán enterró a Khamenei entre multitudes, banderas rojas y amenazas contra Trump
El funeral del líder supremo cerró una semana de ceremonias en Mashhad, en medio de nuevos ataques contra bases de EEUU y tensión en el Estrecho de Ormuz.
Irán enterró este jueves al líder supremo Ali Khamenei en Mashhad, su ciudad natal, entre multitudes vestidas de negro, banderas rojas y consignas de venganza contra EEUU e Israel. La ceremonia cerró una semana de procesiones masivas por Teherán, Qom, Najaf y Karbala, pero también expuso el clima de máxima tensión regional: mientras el cortejo avanzaba hacia el santuario del imán Reza, la tregua de junio volvía a crujir por nuevos ataques en el Golfo y en Jordania.
El funeral tuvo una carga simbólica excepcional para la República Islámica. Khamenei, muerto el 28 de febrero en un ataque aéreo de EEUU durante el primer día de la guerra, fue sepultado en uno de los lugares más sagrados del chiismo. El santuario del imán Reza, el octavo imán chiita y el único de los doce enterrado en Irán, quedó rodeado por una multitud que llevó retratos del líder fallecido, banderas iraníes y carteles contra Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
Banderas rojas y promesas de represalia
El cortejo llegó a Mashhad después de una semana de ceremonias públicas. Los ataúdes fueron trasladados desde Irak, donde también hubo procesiones en Najaf y Karbala, dos ciudades centrales para el chiismo. En la ciudad iraní, miles de personas desafiaron temperaturas de más de 35 grados para participar del entierro.
La escena combinó duelo religioso, demostración política y llamado a la represalia. Hombres con camisas negras y mujeres con chadores del mismo color acompañaron el paso del cuerpo. Muchos agitaban banderas rojas, asociadas en la tradición chiita con la búsqueda de venganza.
"El pueblo acá busca venganza", dijo Mohammad Afsharian, un comerciante de 41 años. "No sé cuál es la historia con la diplomacia ni cuál es la política para continuar con la diplomacia, pero toda la gente lleva banderas rojas como señal de búsqueda de venganza", agregó.
En los alrededores del santuario aparecieron pancartas con mensajes directos contra Trump. Algunos carteles decían "Mataremos a Trump", mientras la multitud coreaba consignas por la muerte de Khamenei. Cerca de un hotel llamado Miami, una gigantografía mostraba una caricatura del presidente estadounidense con una recompensa sobre su cabeza. Otro cartel apuntaba contra Netanyahu con la frase en inglés: "Habrá sangre".
El cierre de una era
Khamenei gobernó Irán durante casi cuatro décadas, desde 1989, y concentró un peso decisivo en la política interna, la estrategia regional y la estructura militar del país. Además de jefe político, era gran ayatolá, el rango religioso más alto dentro del islam chiita.
Su muerte abrió una transición inédita para la República Islámica. Su hijo Mojtaba Khamenei fue designado sucesor por una asamblea clerical una semana después del ataque que mató a su padre, pero no apareció en público desde el inicio de la guerra y solo difundió mensajes escritos.
La tregua vuelve a crujir
Mientras Irán despedía a Khamenei, la tregua de junio volvió a quedar bajo presión. Las fuerzas armadas iraníes anunciaron ataques contra posiciones militares de EEUU en Kuwait, Qatar, Bahréin y Jordania, después de una ofensiva estadounidense contra objetivos iraníes.
El Comando Central de EEUU informó que sus fuerzas atacaron unos 90 blancos militares, entre ellos sistemas de defensa aérea, activos de vigilancia costera y depósitos de misiles y drones. Trump vinculó la ofensiva con ataques contra buques comerciales atribuidos a Irán. "Esto es en represalia por el bombardeo de barcos de ayer por parte de Irán. Si vuelve a pasar, será mucho peor", escribió en Truth Social.
Los medios estatales iraníes afirmaron que los ataques estadounidenses del 8 y 9 de julio dejaron 14 muertos y 78 heridos. También reportaron explosiones en el sur del país, incluidas zonas de Bushehr, donde funciona una central nuclear construida por Rusia. Un funcionario local citado por medios estatales dijo que un proyectil estadounidense impactó en el perímetro de la planta. Un funcionario de EEUU, en cambio, sostuvo que no hubo bombardeos estadounidenses en las últimas horas.
Ormuz, el punto más sensible
El Estrecho de Ormuz quedó otra vez en el centro de la pulseada. Antes de la guerra, por esa vía pasaba cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo. La Guardia Revolucionaria sostuvo que la intervención estadounidense para redirigir buques dificulta la reapertura plena del paso marítimo y afirmó que el tránsito bajo supervisión iraní recuperó cerca del 50% de los niveles previos a la guerra durante las últimas dos semanas.
"El Estrecho de Ormuz será reabierto únicamente bajo arreglos iraníes, no mediante amenazas estadounidenses", escribió en X Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento y principal negociador iraní en las conversaciones mediadas con Washington.
EEUU rechazó esa versión. Su fuerza militar aseguró que desde comienzos de mayo ayudó a facilitar el tránsito de más de 800 buques comerciales y 380 millones de barriles de crudo, y remarcó que Irán no controla la vía marítima.
Diplomacia bajo fuego
Qatar, que aloja la mayor base estadounidense de la región y suele mediar entre Washington y sus adversarios, condenó los ataques contra la navegación comercial, aunque pidió volver a la diplomacia. Turquía y Omán también reclamaron evitar una nueva escalada en conversaciones separadas con el canciller iraní, Abbas Araqchi.
Las ceremonias fúnebres demoraron las conversaciones técnicas entre Teherán y Washington para implementar la tregua conocida como Memorando de Entendimiento de Islamabad. Un funcionario estadounidense afirmó que Washington sigue comprometido con una resolución y que las "conversaciones técnicas continúan".
Los nuevos combates volvieron a tensar el margen político de una tregua que ya había quedado golpeada por los ataques contra buques qataríes y sauditas esta semana.
Trump declaró que la tregua está "terminada". Aun así, Washington sostuvo que todavía busca una salida negociada. El presidente estadounidense enfrenta presión interna por una guerra que no logró cerrar, con el Partido Republicano camino a las elecciones de medio término en medio de precios altos de la nafta y malestar entre los votantes.


