La derrota electoral del oficialismo provocó una crisis política en Japón

El primer ministro Shigeru Ishiba busca consensos para permanecer en el cargo  a pesar de que está en minoría 

El primer ministro de Japón, Shigeru Ishiba, convocó a los partidos de la oposición con el objetivo de alcanzar un "consenso" que evite el estancamiento político luego de la derrota sufrida por su coalición en las elecciones de medio témino celebradas el domingo. A pesar del resultado adverso, Ishiba reafirmó su decisión de continuar liderando un gobierno en minoría.

El Partido Liberal Democrático (PLD) y su socio de coalición, Komeito, obtuvieron solo 47 escaños frente a los 78 alcanzados por la oposición. Sumando los escaños no disputados, la oposición ahora controla 126 de los 248 escaños del Senado, lo que deja al oficialismo con 122 bancas y en clara minoría.

"Lo que he estado diciendo durante la campaña es que el PLD ha sido y seguirá siendo un partido responsable, por el futuro de Japón y su gente", sostuvo el primer ministro, en declaraciones recogidas por la cadena pública NHK. Ishiba subrayó que la situación actual exige "debatir seriamente con otros partidos" para sacar adelante las leyes necesarias.

Si bien reconoció que el revés electoral fue "tremendamente decepcionante", Ishiba descartó cambios en el gabinete o la ampliación de la coalición con Komeito. "No tenemos planes de ampliar la coalición. Seguiremos trabajando con responsabilidad y contacto sincero con todos los actores políticos", aclaró.

Entre las prioridades inmediatas, el jefe de gobierno mencionó la necesidad de alcanzar un acuerdo comercial con Estados Unidos antes del 1° de agosto, fecha límite establecida por el presidente Donald Trump antes de aplicar nuevos aranceles sobre productos japoneses. "Vamos a conseguir un acuerdo beneficioso con el principio de inversión, no aranceles", afirmó.

Si bien evitó especular sobre la duración de su mandato, Ishiba reiteró su intención de enfrentar los principales desafíos del país: la presión inflacionaria, la amenaza de desastres naturales y un escenario de seguridad internacional que calificó como "el más complejo desde la Segunda Guerra Mundial".

Con este panorama, el primer ministro japonés apuesta por una gestión basada en la construcción de acuerdos con la oposición que puedan garantizar la gobernabilidad en medio de un nuevo contexto parlamentario.

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