En alerta

La deuda pública mundial se acerca al 100% del PBI

El FMI proyecta que el pasivo global llegará al total del producto para el 2029. Las mayores economías son las que presentan más señales de alerta.

La deuda pública mundial se encamina a representar el 100% del PIB global hacia 2029, según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). El organismo calcula que el déficit fiscal mundial seguirá cerca del 5% del producto durante los próximos años. La preocupación central está en cuánto cuesta refinanciar esa deuda mientras el crecimiento económico pierde fuerza.

La pregunta que domina entre los inversores es si este proceso resulta sostenible. Para Emre Tiftik, director de Mercados Globales y Política del Instituto Internacional de Finanzas (IIF), la respuesta es negativa. "No, no es sostenible", afirmó en declaraciones a elEconomista.es.

Por ahora, el sistema financiero consigue absorber las nuevas emisiones de los gobiernos. Sin embargo, Tiftik advirtió que esa tolerancia puede terminar. Si los inversores comienzan a exigir mayores rendimientos para comprar deuda soberana, los Estados tendrán que destinar una porción creciente de sus presupuestos al pago de intereses.

Una nueva etapa

El FMI estima que la deuda pública mundial pasará del 94% del PIB actual al 100% hacia el final de la década. El nivel representa una referencia histórica porque supone que el pasivo acumulado por los gobiernos será equivalente a todo lo que produce la economía mundial durante un año.

El deterioro fiscal tiene una causa estructural. Los Estados gastan más de lo que recaudan y cubren la diferencia mediante nuevas emisiones. El FMI calcula que el déficit público global se mantendrá alrededor del 5% del PIB durante los próximos años.

La situación cambió respecto de las décadas en las que las crisis de deuda se asociaban principalmente con países emergentes. Después de la crisis financiera de 2008, las economías desarrolladas incrementaron de manera sostenida sus niveles de endeudamiento.

La pandemia y el shock energético provocado por la invasión rusa de Ucrania profundizaron esa tendencia. Durante la pandemia, los gobiernos utilizaron programas fiscales de gran magnitud para evitar una depresión económica. Después llegó el shock energético y el aumento de la inflación.

Las autoridades mantuvieron durante un período políticas de apoyo, pero el cambio en las condiciones monetarias modificó el costo de esas decisiones. En 2025, los países de la OCDE registraron un gasto bruto en intereses de unos USD 2 billones, según los datos citados por el IIF. La cifra equivale al 3,2% del PIB y representa el nivel más elevado de la historia.

El incremento del gasto financiero muestra el principal riesgo de la actual dinámica. Una deuda elevada no necesariamente provoca una crisis. El problema aparece cuando el Estado debe refinanciar grandes volúmenes de vencimientos a tasas considerablemente superiores a las que pagaba cuando emitió esos títulos.

El límite de las tasas bajas

Japón concentra una de las señales más importantes para el mercado de deuda. Durante décadas, el país sostuvo un nivel de endeudamiento extraordinariamente elevado gracias a un entorno de tasas cercanas a cero o incluso negativas.

La política monetaria japonesa permitió que el Estado financiara un volumen de deuda superior al 200% del PIB sin enfrentar durante años un aumento equivalente en el costo financiero.

La situación cambió con la inflación, la depreciación del yen y la necesidad del Banco de Japón de ajustar su política monetaria. El bono japonés a 10 años alcanzó el 3%, su nivel más alto en tres décadas. Los títulos soberanos de largo plazo de las principales economías desarrolladas también muestran rendimientos similares a los de 2007.

Esta experiencia funciona como advertencia para el resto de las economías desarrolladas. La deuda puede permanecer elevada durante muchos años si el costo de financiarla se mantiene bajo. Cuando las tasas suben, la misma cantidad de deuda comienza a generar una carga presupuestaria mucho mayor.

Mayor presión

Estados Unidos representa el caso más relevante por el tamaño de su economía y por el papel del dólar en el sistema financiero mundial. El FMI proyecta que mantendrá un déficit fiscal superior al 7% del PIB durante los próximos años. Para comienzos de la próxima década, la deuda pública estadounidense podría alcanzar el 142% del PIB.

Los bonos del Tesoro ya reflejan parte de esa preocupación. El rendimiento del título a 10 años se ubica alrededor del 4,8%, mientras el bono a 30 años llegó al 5,3%, su nivel más alto desde 2007.

La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) calcula que Estados Unidos destina más de USD 1 billón anual al pago de intereses. Eso implica más de USD 3.000 millones diarios. Desde 2024, el gasto financiero supera incluso al presupuesto militar.

La evolución de las últimas tres décadas muestra la magnitud del cambio. Según la Reserva Federal de St. Louis, la deuda pública estadounidense pasó de USD 5,2 billones en 1996 a más de USD 40 billones en la actualidad. El incremento supera el 600%.

La presión sobre el Tesoro también está relacionada con la composición de la demanda. El Consejo de Relaciones Exteriores advirtió que Estados Unidos pierde compradores de bonos considerados tradicionalmente menos sensibles al precio. Entre ellos aparecen bancos centrales, gobiernos extranjeros y bancos de inversión. Ese cambio obliga al Tesoro a depender en mayor medida de inversores que responden al rendimiento ofrecido.

Si el mercado exige más tasa, el costo de refinanciar la deuda aumenta. El proceso puede convertirse en un círculo difícil de detener: mayores intereses elevan el déficit, el déficit exige más emisiones y las nuevas emisiones pueden requerir mayores rendimientos.

Amenaza al crédito privado

El riesgo no termina en los bonos soberanos. Una suba prolongada de las tasas puede afectar también a empresas y hogares si los inversores comienzan a exigir rendimientos mayores para asumir riesgo privado.

El FMI estima que la deuda de hogares y empresas representa aproximadamente el 143% del PIB mundial. Un desplazamiento de los inversores hacia activos considerados más seguros puede encarecer el crédito privado y reducir la disponibilidad de financiamiento.

Los grandes grupos tecnológicos necesitan enormes volúmenes de capital para construir centros de datos, infraestructura informática y capacidad de procesamiento. Parte de esa expansión se financia mediante deuda. Según Reuters, los principales hiperescaladores emitieron alrededor de USD 121.000 millones en 2025. Las emisiones podrían alcanzar USD 400.000 millones en 2026.

El movimiento introduce una nueva competencia por el capital, lo que da paso a sostener las tasas de interés en niveles elevados. La expansión de las emisiones corporativas vinculadas con la IA compite progresivamente con los bonos soberanos por el ahorro disponible.

El mercado enfrenta así un problema que no tiene una única solución. Reducir el déficit de manera abrupta puede dañar el crecimiento. Mantener déficits elevados durante demasiado tiempo puede elevar el costo de la deuda. La alternativa pasa por combinar disciplina fiscal con crecimiento de la productividad.

Los gobiernos todavía pueden endeudarse, pero no indefinidamente a las tasas que comienzan a exigir los mercados. Si la demanda de bonos cae de manera significativa, la refinanciación dejará de ser solamente un problema financiero y pasará a convertirse en un problema político.

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