Putin ganó las elecciones europeas
"Yo no puedo vivir en el centro de Londres, es muy caro para mí. Ahí solo viven los nobles, los políticos y los millonarios musulmanes, hindúes o chinos. No es para nosotros, los ingleses de verdad", me dice David, que me pide que le diga "Dave", con un fuerte y marcado acento cockney, el lunfardo que hablan los londinenses.
"Voy a votar a cualquiera que sea inglés, ya no me importa de qué partido sea". Dave es taxista y maneja uno de los icónicos taxis negros que aparecen en todas las postales que los turistas suelen comprar. Un auto que desde 1959 hizo la británica Austin, pero que ahora fabrica la London Electric Vehicule Company, una empresa subsidiaria de la china Geely, con base en Ansty, Coventry, en el Reino Unido. Y claro, es eléctrico.
La historia de Dave, que es una más de los millones de británicos, me la contó en enero de este año cerca de Picadilly Circus y auguraba hace cuatro meses atrás lo que está ocurriendo hoy en las elecciones europeas: el ascenso de la ultraderecha en toda Europa. Este hecho, que es cada vez más evidente, suele ser negado por progresistas y liberales alrededor del mundo.
De hecho, los grandes medios del mundo señalan que en las elecciones europeas son los conservadores los ganadores -cosa que es verdad- y que el Partido Popular Europeo (PPE) obtendría más de 180 escaños de los 720 del Parlamento Europeo. "Construiremos un bastión contra los extremos, de izquierda y derecha", afirmó desde Bruselas Úrsula von der Leyen, su actual titular, que se aseguró un nuevo mandato con estos números.
También se señala que los nacionalistas euroescépticos son los que más crecerían en las elecciones al Parlamento Europeo celebradas este domingo, con los Verdes, los liberales y la izquierda retrocediendo.
El impacto de la votación en la UE se vio inmediatamente en Francia, donde el presidente Emmanuel Macron convocó, inesperadamente, a unas elecciones parlamentarias anticipadas, después de que su partido sufriera una dura derrota a manos del partido de ultraderecha Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Y aunque el resultado del PPE es una buena noticia para Úrsula von der Leyen, que aspira a un segundo mandato de cinco años al frente del poderoso brazo ejecutivo de la UE, Von der Leyen necesitará el respaldo tanto de los líderes de la UE como del Parlamento. Entre ellos, los de algunos partidos de extrema derecha, como los Hermanos de Italia de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, para asegurarse la mayoría parlamentaria, lo que daría a Meloni y a sus aliados del grupo Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) más influencia.
Pero el problema no es Meloni, sino el alemán AfD, que ha sido el partido que más creció en Alemania y se ubica segundo detrás de los democristianos, que fue expulsado del Eurogrupo Identidad y Democracia (ID), tras unas declaraciones de su candidato principal a las elecciones europeas, Maximilian Krah, que relativizo el papel de las SS bajo el liderazgo de Adolf Hitler, a las que ha pedido "no catalogar directamente de criminales". Demasiado incluso para los ultras italianos como Mateo Salvini o Angela Meloni, que frente a Krah parecen de centro. Pero no es sólo Alemania: en Austria la ultraderecha le ganó al Partido Popular. El triunfante Partido Liberal (FPÖ), fundado por antiguos nazis y que tiene un acuerdo de colaboración con Rusia Unida, la formación del presidente ruso, Vladimir Putin, es el que ha ganado las elecciones con el 27% de los votos, por arriba de los socialdemócratas y los liberales.
Las elecciones dejan en claro algo que pocos hablan: el mundo unipolar que EEUU pensó con la caída del muro de Berlín ya no existe. Y Europa rechaza en las urnas la sociedad multicultural que lo que Estados Unidos, como triunfador de la segunda guerra mundial y protector de Europa, ofrece a las 27 naciones del viejo continente desde 1948 y que intensificó desde la década del 90.
La semana pasada, el general del Ejercito italiano Roberto Vannacci, cabeza de lista de la ultraderechista Liga de Matteo Salvini en las elecciones europeas, abogó por un acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia, pues el presidente ruso, Valdimir Putin, “no es peor” que el dictador soviético Iosef Stalin. “Es hora de llegar a una mesa de negociación, creando las condiciones” para “un nuevo Yalta” porque “no creo que Putin sea peor que Stalin: si con él se ha tratado tal vez se pueda hacer con otros”, dijo a los medios extranjeros en Roma, al referirse a la conferencia para la paz de los líderes mundiales al final de la II Guerra Mundial.
La explicación de esta crisis, dicen los progresistas, es que estamos viviendo fase de descomposición ideológica y orgánica del neoliberalismo, y que los consensos económicos de la globalización, tras la caída de la URSS. Afirman también que la luna de miel que duró de 1991 a 2008 entre el capitalismo americano y el mundo terminó con Lehman Brothers.
Sostienen también que el avance de la teoría de género en la vida social y que lo que vivimos es una reacción de las derechas del mundo ante el avance de los demócratas en Estados Unidos o la izquierda en Francia, que han logrado construir una mayoría a través de una agregación de minorías. Los liberales no piensan muy distinto en ese aspecto: discuten la teoría de género, pero apoyan a las minorías (LGBTQ+, migrantes, feminismos, etc), y solo mantienen su cruzada contra el socialismo, como es el caso del presidente Javier Milei o el candidato republicano Donald Trump. Para decirlo con claridad: liberales y progresistas son las élites políticas dominantes, una “nueva burguesía”, que solo tienen una discusión sobre cómo se distribuya la riqueza, mientras grandes masas de poblaciones nativas de Europa son empujadas a la pobreza económica por los megaricos o al ostracismo cultural por los inmigrantes, los primeros protegidos por los liberales, los segundos por los progresistas.
Lo cierto es en menos de un mes la multiculturalidad y el neoliberalismo enfrentará las urnas en las próximas elecciones generales del Reino Unido, que están programadas para celebrarse el 4 de julio de 2024. Gran Bretaña es el mejor alumno del experimento multicultural liberal de EEU en Europa: el primer ministro conservador, Rishi Sunak, es un megamillonario de religión hindú que coquetea con los libertarios. Casi un arquetipo del neoliberalismo del siglo XXI.
Pero quizás quien está mirando conforma las elecciones en Europa sea Vladimir Putin. Después de todo, sus ideas cada vez son más aceptadas por muchos lideres europeos. Putin, un conservador postsoviético, mantiene desde hace años una pelea con el islam integrista dentro y fuera de Rusia y no admite la inmigración masiva a su país desde países africanos o asiáticos. "Tengo un enfoque tradicional: una mujer es una mujer, un hombre es un hombre. Espero que nuestra sociedad tenga internamente protegida su moral, que emana de nuestras confesiones religiosas tradicionales (...) contra esta forma de oscurantismo” dijo hace menos de tres años. Todo lo que dicen en voz baja -por ahora- los líderes europeos que ayer acaban de salir vencedores.

