Ambición ártica

Trump endurece su ofensiva por Groenlandia y eleva la tensión con Dinamarca y la OTAN

Donald Trump volvió a insistir en que EEUU debe controlar Groenlandia por razones de seguridad. Dinamarca rechazó la idea y alertó por el impacto en la OTAN

La ambición de Donald Trump sobre Groenlandia dejó de ser una provocación aislada y pasó a ocupar un lugar visible en la agenda diplomática entre Estados Unidos, Dinamarca y el propio territorio autónomo. En su segundo mandato, el presidente de EEUU volvió a insistir en que la isla más grande del mundo debería quedar bajo control estadounidense, una posición que generó alarma en Copenhague y en Nuuk, la capital groenlandesa.

El giro se produjo en un contexto de mayor activismo externo de Washington. La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, el 3 de enero, encendió señales de alerta en Europa. Este episodio, leído como una muestra de la voluntad intervencionista de Trump, reforzó la preocupación en Dinamarca. Días después, el mandatario reiteró su interés en Groenlandia y forzó la respuesta más dura hasta ahora del gobierno danés.

Un aliado bajo presión

Durante años, Copenhague trató las declaraciones de Trump como una fantasía política. La persistencia del discurso y su creciente dureza obligaron a cambiar el enfoque. Funcionarios daneses convocaron en reiteradas ocasiones al embajador de EEUU para expresar su malestar y, en diciembre, una agencia de inteligencia local describió por primera vez a Estados Unidos como un posible riesgo para la seguridad.

La primera ministra Mette Frederiksen pidió públicamente a Trump que dejara de amenazar con la anexión de Groenlandia y recordó que el territorio está cubierto por la garantía de defensa colectiva de la OTAN. "Necesito decir esto muy directamente a Estados Unidos: EEUU no tiene derecho a anexionar ninguno de los tres países del Reino de Dinamarca", afirmó el 4 de enero.

Cualquier acción militar en Groenlandia implicaría una escalada inédita. Dinamarca es un socio cercano de Washington y miembro pleno de la alianza atlántica. Un conflicto de ese tipo enfrentaría a aliados dentro de la OTAN y abriría una crisis de fondo en el bloque militar.

Seguridad, historia y discurso

Trump justificó su interés en Groenlandia en términos de seguridad nacional. En 2019 ya había planteado la posibilidad de comprar la isla, a la que describió como "un gran negocio inmobiliario" que podría aliviar las finanzas danesas. En esta nueva etapa, sostuvo que Copenhague no invirtió lo suficiente en la defensa del territorio.

"Tienen una población muy pequeña y no sé... dicen Dinamarca, pero Dinamarca no gastó dinero. No tienen protección militar", dijo el 22 de diciembre. En la misma línea, relativizó la presencia histórica danesa y sugirió que Estados Unidos también tuvo una presencia temprana en la región.

El jefe de gabinete adjunto de la Casa Blanca, Stephen Miller, reforzó esa postura al afirmar que "nadie combatiría a Estados Unidos" si intentara apoderarse de Groenlandia y al definir como posición formal del gobierno que la isla "debe ser parte de Estados Unidos".

El valor estratégico de Groenlandia

Groenlandia ocupa una posición clave entre el Atlántico Norte y el Ártico, una región donde confluyen intereses de Estados Unidos, China y Rusia. Su tamaño supera al de México y Arabia Saudita, y concentra recursos minerales y energéticos considerados estratégicos. El deshielo acelerado por el cambio climático facilita el acceso a esos recursos y abre nuevas rutas marítimas entre América del Norte, Europa y Asia.

La isla alberga la base aérea más septentrional de EEUU y una estación de radar utilizada para detectar amenazas misilísticas y monitorear el espacio. Durante la Guerra Fría, Washington operó más de una decena de instalaciones militares en el territorio, antes de reducir su presencia con el paso de las décadas. Frederiksen aseguró que está dispuesta a permitir un refuerzo militar estadounidense, siempre dentro de los acuerdos vigentes y con consulta previa a Dinamarca y Groenlandia.

Rechazo interno y límites legales

Las encuestas muestran que la población de Groenlandia rechaza de manera amplia la idea de incorporarse a Estados Unidos. Tras las elecciones de marzo de 2025, los líderes de todos los partidos políticos condenaron el enfoque de Trump y calificaron su conducta de "inaceptable". El primer ministro Jens-Frederik Nielsen fue categórico: "Groenlandia no es una casa que se pueda comprar".

Desde el punto de vista legal, la transferencia directa resulta inviable. La ley de autogobierno de 2009 establece que los groenlandeses constituyen un pueblo con derecho a decidir su futuro. La única vía sin uso de la fuerza sería una eventual independencia de Dinamarca y un acuerdo posterior con Estados Unidos, un escenario que hoy aparece lejano.

En las elecciones de marzo, tres de cada cuatro votantes apoyaron fuerzas que defienden un camino lento hacia la independencia. El debate dejó una inquietud latente en la isla: el temor a quedar expuestos ante una potencia cuyos más altos funcionarios, como declaró la propia Casa Blanca, no descartan "una serie de opciones" ni, en palabras del vicepresidente J.D. Vance, llegar "tan lejos como sea necesario" para alcanzar su objetivo.

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