Giro en Washington

Trump evalúa salir de la guerra con Irán sin abrir Ormuz

El presidente de EEUU considera terminar la campaña militar aun con el paso clave restringido. La señal impactó en mercados y expone tensiones sobre los objetivos del conflicto.

El presidente de EEUU, Donald Trump, analiza poner fin a la campaña militar contra Irán aun si el estrecho de Ormuz continúa cerrado en gran medida, un cambio de criterio que altera el eje del conflicto y repercute de inmediato en los mercados globales.

La novedad se conoció el lunes por la noche en Nueva York a partir de una publicación de The Wall Street Journal, que citó a funcionarios del gobierno estadounidense. El martes, las bolsas asiáticas recortaron pérdidas y el precio del petróleo retrocedió.

Un viraje sobre el objetivo central

Según el Journal, Trump comunicó a sus asesores que está dispuesto a terminar la ofensiva sin forzar la reapertura del estrecho, una vía estratégica por la que circula cerca del 20% del petróleo mundial y buena parte del gas.

La definición contrasta con su postura del día anterior. El lunes, había advertido que si el paso no quedaba "abierto para negocios" de inmediato, Estados Unidos destruiría infraestructura energética iraní, incluidas centrales eléctricas, pozos petroleros y la isla de Kharg.

Horas después, el propio Trump volvió a introducir matices en redes sociales. Allí instó a países afectados por la falta de combustible, como el Reino Unido, a intervenir por cuenta propia: "Tomen coraje, vayan al Estrecho, y tómenlo".

Funcionarios citados por el Journal señalaron que una operación para reabrir Ormuz extendería la guerra entre cuatro y seis semanas más, según calcularon los asesores. Ese escenario implicaría una escalada con posible ofensiva terrestre.

Una guerra más larga de lo previsto

La ofensiva conjunta de EEUU e Israel comenzó el 28 de febrero con la expectativa de una resolución rápida. La resistencia iraní y la dinámica regional desbordaron ese cálculo inicial.

Irán respondió con ataques con misiles sobre bases estadounidenses y objetivos en países vecinos, con ataques que alcanzaron objetivos a unos 4.000 kilómetros de distancia. En paralelo, avanzó sobre el control del estrecho de Ormuz, lo que disparó el precio del crudo y golpeó a los mercados.

El cierre parcial del paso marítimo se convirtió en un factor central del conflicto. La interrupción del flujo energético elevó los costos de combustibles en EEUU, con impacto directo sobre la inflación.

Presión interna y costos políticos

El frente interno también condiciona la estrategia. A meses de las elecciones legislativas de noviembre, la guerra pierde apoyo en las encuestas.

En ese contexto, Trump busca una salida que permita sostener una narrativa favorable sin prolongar el conflicto. Dentro de su equipo, los mismos funcionarios evaluaron concentrarse en objetivos más acotados: limitar la capacidad naval iraní, reducir su arsenal de misiles y contener la escalada.

Si la reapertura del estrecho no se concreta por vía militar, Washington podría trasladar esa responsabilidad a aliados europeos y del Golfo, según los funcionarios citados.

Tensiones, negociaciones y señales cruzadas

En las últimas semanas, Trump combinó amenazas, ultimátums y mensajes contradictorios sobre el rumbo de la guerra. En paralelo, mencionó negociaciones con un supuesto "nuevo régimen" iraní en Pakistán, que fueron desmentidas por Teherán.

El vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baquaei, afirmó que no hubo negociaciones directas en el último mes y calificó las propuestas estadounidenses como "excesivas, poco realistas e inaceptables".

Mientras tanto, EEUU refuerza su presencia militar en la región. El Pentágono mantiene unos 50.000 efectivos desplegados y sumó unidades como el USS Tripoli, la 31ª Unidad Expedicionaria de Marines y la 82ª División Aerotransportada.

Entre las opciones analizadas figura una operación para tomar control de instalaciones estratégicas, incluido el uranio iraní, aunque no aparece como prioridad inmediata, según funcionarios citados por el Wall Street Journal.

Impacto global y advertencias

Analistas citados por el Journal advirtieron sobre los efectos de un cierre prolongado del estrecho. Suzanne Maloney, del Brookings Institution, calificó como "increíblemente irresponsable" finalizar las operaciones militares sin garantizar su reapertura.

"Los mercados energéticos son inherentemente globales, y no existe posibilidad de aislar a Estados Unidos del daño económico que ya está ocurriendo y que empeorará exponencialmente si continúa el cierre del estrecho", sostuvo.

Irán incluso avanzó en un esquema de control del paso con cobro de peajes y restricciones a países considerados hostiles, según datos citados en los informes.

Sin un restablecimiento del tránsito, Irán mantiene una herramienta de presión directa sobre el comercio internacional. La evolución de ese control condiciona tanto el desenlace militar como el impacto económico de la guerra.

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