Análisis

Una nueva geopolítica mundial: de Venezuela a Groenlandia

Horas después de capturar a Nicolás Maduro, el presidente de los Estados Unidos se refirió a su interés inclaudicable, por hacerse del territorio que integra el Reino de Dinamarca.

La comunidad internacional observa con estupor un cambio de paradigma en la política exterior de Washington. 

Tras la sorpresiva operación militar del pasado fin de semana en Venezuela, el presidente Donald Trump ha utilizado ese impulso para reactivar, con un tono mucho más agresivo, su intención de anexar Groenlandia. 

Lo que antes era una propuesta comercial, hoy se perfila bajo el postulado de la "necesidad de seguridad nacional" para frenar el avance de Pekín, y el particular presidente norteamericano no ha descartado el uso de la fuerza para hacerse del gélido territorio.

Apenas unas horas después de que las fuerzas especiales estadounidenses aseguraran el control en Caracas, Trump vinculó este éxito con sus ambiciones en el norte: "Necesitamos Groenlandia, absolutamente. Si miras hacia arriba, las costas están llenas de barcos rusos y chinos. No permitiremos que el Ártico caiga bajo el control del Partido Comunista Chino mientras Dinamarca mira hacia otro lado", aseguró, no dejando dudas de sus intenciones.

El interés de Trump no es caprichoso, responde a una silenciosa pero efectiva expansión china en el suelo groenlandés. Durante la última década, empresas vinculadas a Pekín han tejido una red de influencia sobre los recursos estratégicos de la isla mediante la incursión económica de grandes empresas de ese país.

Por ejemplo, Shenghe Resources es un gigante chino y es el principal accionista del proyecto minero en Kvanefjeld, en el sur de la isla. Este yacimiento es vital porque no solo contiene tierras raras, sino también uranio. Washington ve con pánico que una empresa estatal china tenga las llaves de uno de los depósitos más grandes del planeta fuera del territorio propio.

También puede analizarse el caso de la inversión en Infraestructura. Empresas chinas han intentado financiar la construcción de aeropuertos internacionales y puertos de aguas profundas en Groenlandia. Aunque Copenhague bloqueó algunos de estos proyectos bajo presión norteamericana, el capital chino sigue fluyendo a través de joint-ventures con empresas mineras locales y australianas.

Por otro lado, también está en disputa el control de la "Ruta de la Seda Polar". Pekín ha declarado formalmente al Ártico como un área de interés para su iniciativa de la Franja y la Ruta, buscando acceso a minerales y a las nuevas rutas marítimas que el deshielo está abriendo.

Tierras Raras: La Ubicación de los Yacimientos Clave

La disputa se concentra en puntos geográficos donde el dominio chino ya es una realidad o, una amenaza inminente: la mencionada Kvanefjeld, epicentro de la tensión, donde Shenghe Resources lidera la exploración; Kringlerne, un yacimiento rico en circonio y niobio, donde empresas occidentales compiten contra el tiempo para superar las ofertas de financiamiento asiáticas; y Citronen Fjord, en el extremo norte de la isla, un depósito masivo de zinc y plomo donde la minera china NFC (China Nonferrous Metal Industry's Foreign Engineering and Construction) tiene acuerdos de desarrollo.

Por su parte, Trump debe soportar presiones de gigantes norteamericanos que ambicionan la explotación de los mismos minerales, como Energy Fuels Inc., que busca crear un corredor de procesamiento de tierras raras que desvíe el material de Groenlandia hacia plantas en Utah, cortando la dependencia de las refinerías chinas; o KoBold Metals, una empresa respaldada por Bill Gates y Jeff Bezos, que utiliza IA para encontrar yacimientos de cobalto y níquel en la costa oeste de la isla antes de que los exploradores chinos los localicen.

El rol de Rusia

Mientras tanto, Rusia observa desde sus bases militarizadas en el Ártico, aprovechando la fricción entre aliados de la OTAN, para fortalecer su propia presencia naval, formando una "pinza" geopolítica que rodea la isla más grande del mundo.

Mientras el mundo miraba hacia otros conflictos, Moscú ha ejecutado la mayor militarización del Ártico desde la caída de la Unión Soviética. Rusia considera esta región como su "patio trasero" y una fuente vital de supervivencia económica. Por eso ha desarrollado diversas acciones que inquietan a Washington.

Ha reabierto y modernizado las bases de "Trébol", con última tecnología militar, tanto en Nagurskoye como en Kotelny, conocidas por su diseño de ese formato, que permite la operatividad en temperaturas extremas. Estas bases están equipadas con misiles de defensa aérea S-400 y sistemas antibuque.

Con esa estrategia Rusia busca el control de la Ruta del Mar del Norte. El Kremlin intenta hacerse de una ruta comercial que, gracias al deshielo, conecta Europa y Asia en tiempo récord. Putin exige que cualquier barco extranjero pida permiso y lleve a bordo un práctico ruso, algo que Washington califica como una violación a la libertad de navegación.

Para reforzar su posición, Moscú cuenta con la flota de rompehielos más grande del mundo, incluyendo naves de propulsión nuclear. En comparación, Estados Unidos cuenta con una flota mínima, lo que genera una "brecha de capacidades" que Trump pretende cerrar tomando control de territorios estratégicos.

Groenlandia como Ucrania, país tapón

En este escenario, Groenlandia es mucho más que una isla; es la pieza que bloquea el acceso ruso al Atlántico, como Ucrania es el país que impide que los países de la OTAN limiten directamente con sus rivales del ex Pacto de Varsovia.

Existe un punto clave para occidente en tal sentido: el Paso Giuk. Groenlandia forma parte de la línea estratégica conocida como el corredor Giuk (Groenlandia, Islandia y el Reino Unido). Este es el cuello de botella que los submarinos y buques de la Flota del Norte rusa deben cruzar para alcanzar las rutas comerciales del Atlántico. Controlar Groenlandia es, literalmente, poner un candado a la salida naval rusa.

Por otro lado, y de acuerdo a los científicos militares estadounidenses, la base de Thule en Groenlandia es el punto más cercano para interceptar misiles balísticos intercontinentales lanzados desde territorio ruso hacia Estados Unidos. Sin esta base, el tiempo de respuesta de Washington se reduciría a minutos.

Todos estos aspectos hacen de Groenlandia un territorio de alto interés para el gobierno de Trump, quien aprovechando el impulso y el temor generado por las acciones en Venezuela, ha dejado claro que: "No seremos rodeados". El presidente de los Estados Unidos indicó que "Rusia está reabriendo cada base soviética y construyendo nuevas. Si no compramos Groenlandia o tomamos un control total sobre su defensa, estaremos permitiendo que Putin ponga misiles en nuestra puerta norte. Dinamarca es un buen aliado, pero no tiene los rompehielos ni los cazas para detener al Oso".

Se avecina otro conflicto, que está creciendo y que podría generar una crisis sin precedentes. La acción norteamericana en Venezuela resulta de casos anteriores, como la segunda guerra de Irak, después del ataque a la Torres Gemelas, iniciada sin aval de la ONU. Pero jamás Los Estados Unidos han iniciado acciones militares contra aliados de la OTAN, como sería el caso de anexionar Groenlandia por la fuerza, dada su actual pertenencia al Reino de Dinamarca, por lo cual, la reacción de sus propios aliados es un panorama imprevisible.


Director de Relaciones Institucionales de Grupo Crónica



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