Empresarios cercanos al macrismo, ponen en marcha un operativo para construir una torre de más de 40 pisos, en las que funcionen oficinas comerciales. De esta manera, los argentinos pierden un emblema histórico del entretenimiento nacional.

El estadio Luna Park, es propiedad de la sociedad Stadium Luna Park y lectura SRL, la que pertenece al Arzobispado de Buenos Aires (Caritas) y a los Salesianos de San Juan Bosco en porciones iguales.

Los responsables en esta materia, Joaquin Mariano Sucunza, Obispo auxiliar de Buenos Aires por el Arzobispado y Daniel Antunez, Ecónomo Inspectorial por los Salesianos.

El control del estadio estuvo siempre principalmente en cabeza del Monseñor Sucunza, quien responde directamente al Cardenal Poli, quien detenta una relación muy cercana al actual Jefe de Gobierno y según trasciende, puso en cabeza de Martín Santiago Brach la gestión de venta del estadio.

El estadio fue declarado por Néstor Kirchner monumento histórico en el 2007 y como sitio de interés cultural en el 2001. Dicha condición, entre otras cosas, limita las posibilidades en materia inmobiliaria habida cuenta entre otras cosas, de la posibilidad de demolición.

Tal es así, que la amenaza que ocupa el LP de superficie 5557.81 de identificación Catrastal 01-068-0000, tiene una zonificación especial, casualmente distinta a su lote lindero, la cual no permite la construcción de una torre.

La explotación del estadio arrojo en el 2017, beneficios totales por una cifra aproximadamente a los US$400.000. En función de ello, más allá del criterio aplicado, su fondo de comercio tiene un valor muy por debajo de la expectativa de la curia.

En los últimos meses, se dejó trascender la iniciativa de vender, y como consecuencia de ello, distintos grupos empresariales han realizado ofertas económicas en el orden de los 50 millones de dólares.

Para que tales ofertas tengan viabilidad no cabe otra cosa que no sea demoler el estadio y construir una torre de por lo menos 50.000 metros vendibles.

A tal efecto, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Arzobispado, están realizando maniobras para alterar la zonificación que corresponde al Lote LP y de ese modo revalorizar una tierra.

El pasado 26 de junio se realizó una última reunión de accionistas, comandada por el doctor Antonio Albitos, quien de algún modo representa la voluntad de estos en conjunto, para definir el rumbo del estadio.

Como conclusión, quedo claro que la voluntad es vender, que para ello resulta condición excluyente ponerse de acuerdo con el Gobierno de turno para modificar la zonificación. Como instrucción, por sobre todas las cosas, se ordenó tener esto fuera del radar de los medios.

En cualquier caso, la venta además de estar condicionada y vinculada al Gobierno de la Cuidad, está y será claramente, dirigida a un grupo limitado de oferentes que estén dispuestos a “negociar” con el Gobierno de CABA y con los accionistas.

Esto es lisa y llanamente corrupción, tráfico de influencias y por sobre todas las cosas, un negocio vinculado a satisfacer los intereses personales de los representantes y no así de sus representados que involucra sujetos de gran jerarquía, gran poder económico y de influencias.