Poco a poco, el vino en lata o en botellas pequeñas se está imponiendo. No hace falta invertir en una botella de 750 ml. Hay opciones de 375 ml y ahora se multiplican las novedosas latas de vino de 269 ml, que intentaron imponerse en otras épocas sin mucho éxito.

Cuando el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) aprobó el fraccionamiento y comercialización de vino en recipientes de acero inoxidable, muchos comenzaron a idear productos. Basta con ver que la propia Cervecería y Maltería Quilmes no escatimó en gastos y lanzó como prueba piloto dos botellas de 375ml para consumo individual en tinto y blanco.

Sin perder tiempo, lanzó la semana pasada Blasfemia una lata que comercializará a partir de hoy a $80. Pertenece a ZX Ventures una nueva unidad de negocios de la cervecera. Se presenta en tinto, blanco gasificado y rosado gasificado. Buscan llegar a 800 puntos de venta, se vende en supermercados, de CABA, bares y restaurantes. El volumen inicial es de 126.000 latas.

Familia Zuccardi presenta con su Bodega Santa Julia el Chenín Dulce en lata de 330 centímetros cúbicos. Peñaflor se suma con Dadá 7, que sale en dos formatos como espumante en lata. Mientras, Bodegas Bianchi sale con su vino New Age. Estancia Mendoza no se quedó atrás y presentó Dilema Sparkly, su primer vino en lata, perteneciente a Fecovita.

Santa Julia había lanzado tres versiones de rosado, malbec y tintillo para vender en el mercado de Estados Unidos. Sin perder tiempo, decidieron replicar la idea en territorio argentino. El objetivo es dar una opción que permita no invertir mucho y poder darse un gusto.

Cenar en un muy buen restaurante del nivel de Orisha, Don Julio, Tinta o Julia implica invertir como mínimo $700 en los vinos más económicos de la carta. Pedir una copa promedia los $350. Si bien muchos están dispuestos a pagarlo, otros no. La lata puede ser una buena opción.