Puede que la industria automotriz de Estados Unidos esté cerrando la primera caída anual desde el año en que GM y Chrysler entraron en quiebra, pero todavía está lejos del "autocalipsis".

Los inversores se muestran indiferentes ante el descenso de la demanda que experimentan este año General Motors, Fiat Chrysler y Ford en su mercado local, y tampoco les inquieta que probablemente en 2018 decaiga de nuevo la industria.

Aunque las ventas cayeron en 2017, solo retrocedieron cerca de 1,5% los primeros once meses del año, muy lejos del desplome visto durante la recesión, cuando se congeló el financiamiento y se hundió la confianza del consumidor.

El estimado promedio de once analistas y economistas encuestados por Bloomberg News es de un retroceso de las ventas a 16,7 millones de autos y camionetas en 2018. Este año, la industria se encamina a vender casi 17,3 millones de vehículos.

El declive del mercado automotor estadounidense se puede resumir en una pérdida de popularidad de los modelos para pasajeros. En vez de comprar sedanes, cupés y convertibles, los consumidores están pasándose a vehículos utilitarios deportivos (SUV, por sus siglas en inglés) y camionetas más lucrativos para las automotrices.

Aunque los fabricantes vienen gastando más en incentivos para impulsar las ventas, el precio de venta promedio de sus vehículos no deja de subir. Además, si bien el mercado de SUV está saturándose, muchos de esos modelos siguen dando fuertes ganancias.