En otras épocas, por las puertas del Club Americano de Buenos Aires pasaban presidentes, gobernadores, embajadores y cientos de importantes personalidades de las altas esferas porteñas. Entraban a uno de los centros de discusión política y económica más importantes del país, donde se hablaba de las relaciones de Argentina y Estads Unidos. Sin embargo, 103 años después de abrir por primera vez, las puertas del Club Americano cerraron para siempre. La pandemia fue el golpe final de una historia de deudas de larga data.

Los socios del club ya no podrán disfrutar de las maravillosas vistas que tenía su cuarto piso, donde se podía divisar el Obelisco, el Palacio de Justicia y el Teatro Colón, entre otras maravillas del centro porteño. Tampoco podrán celebrar eventos o reuniones ni comer en su restaurante, donde se servía el tradicional pavo con salsa de cranberries para el Día de Acción de Gracias. 

En Viamonte al 1133 se habían instalado en 1954, pero el club funcionaba desde 1918, cuando fue creado para promover las relaciones bilaterales entre los Estados Unidos y la Argentina. Según contó el último presidente del club, Robert Urban, a La Nación, la institución llegó a su fin con la pandemia del coronavirus (Covid-19), que frenó por un año y medio la entrada de ingresos operativos. 

Robert Urban fue el último presidente de la institución

Sin embargo, el Club Americano ya sufría desde antes, aquejado por varias deudas que comenzaron antes de los años '90. Esa década fue un antes y un después para el club, que comenzó a cambiar sus presidentes norteamericanos —acaudalados que aportaban mucho dinero— por argentinos. Y con ese cambio, "el apoyo, por razones relacionadas con la economía, los cambios demográficos, los eventos socioeconómicos y la pandemia, fue desapareciendo lentamente”, recordó Urban al medio citado.

A partir de los '90, el club debió vender tres de los cuatro pisos para cubrir deudas y juicios. El cierre este año golpea aún más fuerte si se tiene en cuenta que en 2019 la institución tuvo un gran resurgimiento, con "una cantidad sin precedentes de eventos", un aumento "notable" en el número de socios y "un cambio en la dirección deseada" de los datos demográficos de edad y género, en los que antes predominaban los adultos hombres. 

"Los problemas, sin embargo, salieron a la luz. La nueva Junta de Gobierno había heredado una estructura con altos costos, juicios que excedían la capacidad de pago del Club y significativos pasivos contingentes", recordó Urban en Infobae. Los socios querían mantener las cuotas por debajo de la inflación y se negaron a pagar un aporte extraordinario por los efectos de la pandemia, que golpeó especialmente ya que, al no tener posibilidad de hacer actividades al aire libre, no pudo recibir a nadie por más de un año y medio. La salvación se volvió imposible.

"A pesar de una larga y fructífera vida activa, el Club Americano de Buenos Aires aceptó calladamente un final de ciclo", dijo Urban, que lamentó que el club tuvo que "cerrar sus puertas sin dar a sus socios o a la comunidad estadounidense local una oportunidad para despedirse". Ahora está en convocatoria de acreedores y, aunque "su espíritu sigue vivo", las puertas no volverán a abrir.

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