Apenas se cruza el arco del Barrio Chino, aparece Dragón Porteño. Fundado hace 20 años por un matrimonio taiwanes, Lo Dengchu y su marido Cheng Wanyi, desde hace un tiempo lo administraban sus dos hijos. Hace dos años que comenzaron a caer sus ventas, no resistió a la pandemia y cerró sus puertas.

Tony Cheng, hijo del matrimonio, tiene 39 años y está desesperado. Cuenta que del restaurante taiwanes dependen sus padres, hermana y su familia. Contó a BAE Negocios: “Tuve que cerrar porque tenía muchas deudas, no podía pagar el alquiler, la inmobiliaria me exigía que pague todo y en marzo pague lo que pude, lo mismo en abril. Debo luz, gas y el agua, nada pude pagar. Tenía ocho empleados todos en blanco, pero ya les debía dos meses de sueldo y aportes. Ni saqué la cuenta de todo lo que debo. No sé que voy a hacer”.

Cuenta que su mujer también trabajaba en el local, pero tuvo que inventarse un trabajo para sumar algo de dinero. Es brasileña y comenzó a cocinar platos de su país para venderlos. Sus padres están muy tristes, Dragón Porteño es todo para ellos. Los asiduos visitantes, siempre lo veían a Cheng Wanyi, vestido muy elegante cerca de la barra, atento a todo.

Por más que intenta buscarle la vuelta, no la encuentra. Tuvo que reunir a todo su personal e indemnizarlos con lo que pudo. Una vez que llegó a un acuerdo con todos, apareció la dueña de la propiedad con una propuesta. Le ofrecía no cobrarle el alquiler por unos meses, si se quedaba, porque eran muy buenos clientes y había invertido mucho en el local. Pero ya era tarde, Tony Cheng ya había desvinculado a todos, incluso comenzó la mudanza.

"Este lugar era mi vida", dice Tony Cheng

El restaurante, es uno de los pioneros en hacer delivery en la zona, trabajó hasta el lunes. Pero los números no cerraban. “Con el delivery,  sólo facturabamos un 10% de lo que hacíamos siempre y las cuentas se acumulaban. Se nota que la gente no tiene plata. Ya comencé a vender mesas, sillas, todo. No puedo más. Esta semana tendré abierto para ver si puedo juntar algo más de dinero y cancelar deudas, pero no quiero seguir endeudándome. Este lugar era mi vida”, dijo Tony, nacido en Argentina, pero con todas sus raíces asiáticas.

No es el único restaurante del barrio que cerró, ya bajó la persiana Hong Kong Style y hasta el decano Todos Contentos, de su tía. Toda la familia trabajaba cerca, hacían lo que les gustaba y hasta podían ahorrar para volver cada cinco años a Taiwan a ver a sus afectos.

Pero todo cambió en los últimos años y ahora se agudizó. Ante la pregunta sobre su futuro, Cheng respondió: “No sé con que plata voy a comer el mes que viene. Estuve pensando y cuando termine de mudar todo, voy a agarrar mi motito eléctrica y me voy a poner a trabajar de delivery en Pedidos Ya, Rappi o Glovo, es lo único que me queda”.

"Me voy a poner a trabajar de delivery para las aplicaciones"

Es muy triste escucharlo, Dragón Porteño, fue durante estos 20 años uno de los lugares favoritos del Barrio Chino. Su comida taiwanesa con influencia mandarina, era buscada por gente de su colectividad, tanto como turistas y argentinos.

Hernán Huerga, un vecino del barrio, lamentó el cierre y contó: “El pollo con almendras lo tengo presente, era el preferido de mi viejo. Me gustaba ir, siempre había gente de la comunidad comiendo, aparte del led con el canal taiwanes sintonizado. Una característica para el barrio era que las mozas y mozos llevaban años. Lo recuerdo al dueño acodado en la barra. Había muy buen chaw fan y chaw mien con vegetales”.

El Barrio Chino no será el mismo sin Todos Contentos y sin el Dragón Porteño.

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