Hace unos días cerró sus puertas Taberna Baska, un restaurante de comida española, con casi 80 años de historia, especializado en platos de cocina vasca. Pasaron varios dueños, pero el último fue Héctor Manuel Giménez, el que intentó crear una cooperativa hace un año para repartir las pérdidas, pero sus empleados que jamás compartieron las ganancias, no aceptaron.

El 24 de octubre fue el último día de este clásico porteño ubicado en Chile 980, en el barrio de Montserrat. El frente del local tiene pegados en sus vidrieras varios carteles que dicen "Cierre definitivo".  Se pueden ver aún sus paredes azulejadas, que durante 78 años custodiaron sabores e historias.

La crisis económica hizo que este lugar que supo tener 5 mozos, más uno en la barra, varios gastronómicos entre el fiambrero, ayudante de cocina, dos cocineros y un bachatero, perdiera hasta su afamado cheff Raúl Sosa. Pasó de tener 15 empleados a tener apenas cinco, que hacían de mozos, lavacopas, ayudantes y hasta cajeros. 

Sin aviso previo, el dueño de Taberna Baska cerró sus puertas. No sólo arrastra juicios laborales previos por no pagar indemnizaciones, sino que además, adeuda las cargas sociales de sus empleados. Hace un año que no aporta para las jubilaciones de los trabajadores, que siguen sin obra social.

La especialidad de la casa eran los mariscos y los pescados, gambas al ajillo, pulpo, tortilla española, cazuela y paella. Había dos platos que eran irrresistibles para los comensales. El guiso del fin del mundo que incluía centolla, morrones verdes, ciboulette, caldo, jerez, vino y habas. Otro era la cazuela del pescados que constaba de cuatro variedades: salmón blanco y rosado, abadejo y posta de merluza con papas.

Mar y bosque era otro de sus platos preferidos, incluía entrada de champignones, tomates disecados, gambas, hongos y calamaretis. Algunos de sus clientes eran habitués, aunque en el último tiempo, se lo podía ver bastante vacío. 

Su dueño, Héctor Manuel Giménez, explicó que el propietario no quería volver a alquilarlo, pero en el mundo gastronómico coinciden en que la baja de ventas fue el detonante del cierre. Muchos recuerdan aún a Milton Goycoechea, el vasco lideraba el restaurante, pero murió en 2011. 

La historia se repite, cuando los dueños o responsables por muchos años mueren y las ventas caen, la situación se complica. En los últimos meses, parece haberse convertido en un clásico que lugares entrañables como La Giralda y Clo Cló, entre otros, cierren sus puertas y no paguen las indemnizaciones. En el caso de La Giralda, fue clave la muerte de Ivonne Nodrid y en Clo Cló, la crisis arrancó con la muerte de Víctor Losada que dejó a su hija Karina Losada y Anselmo Rota a cargo, quienes se fueron adeudando la indemnización de 80 empleados. 

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Graciela Moreno

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