La noche porteña ya no será igual cuando la pandemia desaparezca. Poco a poco cierran lugares emblemáticos, que marcaron una época. Cerró el Shamrock, The Killkenny y ahora le tocó el turno a El Living, rebautizado You Know my name. Uno de los lugares de culto en la década del ’90.

Fundado en 1994, por Yoryi D’Agostini y un socio, nació con la idea de ser una disquería en una casona del primer piso de Marcelo T. de Alvear 1540 en la zona conocida como Barrio Norte. Un living donde escuchar música, tomar unos vinos, comer unos quesitos y comprar unos discos. El concepto fue clave, novedoso para la época.

“Un lugar como para sentirse como en el living de tu casa. Luego le fuimos incorporando videoclips, a los tres años le agregamos una pista de baile. Se podía cenar, luego se corrían los sillones y se podía bailar en la pista. Nunca pasamos ni cumbia ni reggaetón, teníamos un estilo que incluía pop, rock, música de los ’80, algo electrónico y Britt pop”, contó a BAE Negocios, Fabio D’Agostini, el mayor de los tres hermanos. Un anfitrión que siempre estaba atento a todo y se convirtió en DJ.

El Living tenía una magia especial, comenzó con sillones comprados en el Cottolengo de Don Orione y fue creciendo y cambiando su escenografía todo el tiempo. Sorteaban sus sillones entre sus clientes, que para los D’Agostini, eran amigos. No se privaban en dar Free Pass, querían que todos se sintieran como en casa.

Pasaban cosas que no se veían en otros lados. Alfredo Piro, el hijo de la Tana Rinaldi, hacía entrevistas a los visitantes y luego las editaban y las pasaban en pantallas gigantes. Cada tema que se escuchaba en El Living ofrecía la posibilidad de ver su videoclips, los jueves venía Juan Acosta y una vez por mes sorteaba desde sillones inflables hasta los de El Living, reciclados y con la funda del local.

En sus paredes nació una publicación Living & Loving, se imprimía en los Talleres de Página 12. Tenía notas de arte o música y toda la programación del mes. En El Living funcionaba también Consorcio de arte, donde Adriana  Laurenzi vendía arte en cuotas.

Tenía dos sectores la pista y el living donde se escuchaba otra música diferente  y se invitaban a músicos reconocidos para que pasen música. Los hermanos Moura, Erica García y Gillespie, fueron algunos de los que hicieron de DJ en El living.

Entre sus visitantes más recordados, estuvo Madonna quién bebió toda la noche agua mineral, recuerdan aún hoy. Vino al país en enero de 1996 a filmar la película Evita de Alan Parker y no dejó de conocer esta disco, que era un lugar muy diferente para la época. Muchos músicos que venían al país después terminaban su noche en El Living, Nick Cave fue uno de ellos, entre otros. Pero deportistas también iban como Guillermo Vilas y su amigo Ion Tiriac. Músicos, artistas, nadie quería perderse una noche ahí. Cris Miro era una habitué.

El Living
Más que una disco, era un living para compartir con amigos

En un ciclo de músicos, era infaltable María Gabriela Epumer y con ella, todos sus amigos. Charly García siempre iba a verla. Iban los Illia Kuriaky, Luis Alberto Spinetta, Joaquín Sabina y hasta la presentación de prensa de los discos de Honestidad Brutal y Alta Sociedad de Andrés Calamaro se hicieron en la casona de Marcelo T. de Alvear.

Los DJ siempre fueron de avanzada, arrancó Daniel Mirkin Frois, luego pasó Daniel Gorostegui, Marcelo y Víctor Miranda y en dos etapas, Marcelo Ojeda. En la caja supo estar César Dominici, líder de la agrupación de rock gótico y dark, llamado La Sobrecarga. Uno de sus recordados bartenders era Samurai, definido por todos como audaz y creativo. Todo era diferente y de vanguardia.

Marcelo Ojeda, DJ de El Living señaló a BAE Negocios: “Era como estar en el Living de tu casa, donde escuchabas música y te sentabas a comer. Cerró la mejor noche emblemática de los ‘90. Es una gran  tristeza, fueron muchos años, muchas noches, eternas, un lugar donde fuimos muy felices”.

Uno de los hermanos D’Agostini define el cierre: “Fue muy difícil resistir la pandemia, tanto tiempo cerrados. Con el aforo y la falta de espacio abierto hubiera sido muy difícil la reapertura en estos momentos. Se fue un lugar que fue muy importante en mi vida”. El Living o You know my name, el nombre que recibió tras un cambio de sociedad, aunque todos lo siguieran llamando con su primer nombre.

Se fue uno de los lugares que albergó a toda una generación y que después con el advenimiento de Palermo, Las Cañitas y otras zonas, fue quedando de lado. Pero en los ’90, fue un lugar de vanguardia, recordado por todos como un espacio que fue más que una disco con restaurante, era un estilo de noche diferente.

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Graciela Moreno

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