La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) determinó en 2015 que existe evidencia suficiente de que el glifosato causa diferentes tipos de tumores en animales, además de una evidencia limitada de la carcinogenicidad del agroquímico en humanos y pruebas de su capacidad genotóxica.

No sólo eso, las investigaciones de la IARC muestran que los humanos expuestos a glifosato tienen una mayor incidencia de linfoma No-Hodgkin, un tumor maligno de los tejidos linfáticos. El metaanálisis llevado a cabo por el profesor E. Greiser, de la Universidad de Bremen, revela que la población expuesta tiene un 45% más de probabilidad de desarrollar esta enfermedad, en más de la mitad de los casos.

Después de esta información, el número de municipios que ha vetado el uso de este herbicida en su territorio aumentaron. Diversas ciudades del mundo han ido poniendo barreras a la aplicación del producto, usado de forma extendida para eliminar “malas hierbas” en el mantenimiento de espacios públicos, como parques, jardines o colegios. En Concordia, Entre Ríos, a partir de una ordenanza se ha prohibido el uso de herbicidas de síntesis química, haciendo más amplia la restricción.

La decisión del Consejo Deliberante es una medida sobre una base precautoria, en defensa de la salud pública de sus ciudadanos y obliga a la gestión en los espacios públicos adaptarse a dicha normativa, eliminando el uso de herbicidas de síntesis química, y pide cambiar las herramientas de gestión en jardines y zonas verdes a otras técnicas disponibles, aunque el uso de dichas técnicas pueda implicar una revisión y valoración de los costes de gestión.