Hace pocas horas bajó sus persianas el bar La Ibérica de Constitución. Ayer cerró La Flor de Barracas, fundado en 1906. Se define como fonda, bodegón, boliche, bar, pero lo más importante, un Café Notable de Buenos Aires.

Los dueños aseguran que esta vez el adiós es definitivo. Y muchos recuerdan que a lo largo de estos años, varias veces estuvo al borde del cierre y finalmente, alguien lo salvo. Mercedes Soto, fue la viuda de quien lo manejó por más de diez lustros, cuando se cansó de tanto esfuerzo en 2010, María Victoria Oyhanarte llegó a salvarlo en 2010. estaba cansada. En 2015, cambió de manos y sus dueños confiesan que ya no pueden sostenerlo más.

La Ciudad reseñó su historia: "Don Camilo, el veterano mozo “de siempre”, que acompañó a Mercedes y a su esposo, contaba que el café se llamó La Puñalada y luego Tarzán. Con la llegada de los tres socios españoles fue rebautizado como La Flor de Barracas. Su época de esplendor fue cuando las fábricas vecinas trabajaban las 24 horas, eso ya pasó”.

El coronavirus se cobra una nueva víctima. En su despedida, señaló: “Queremos comunicarles que lamentablemente por las razones públicas y conocidas nos vemos obligados a no continuar al frente de La Flor de Barracas. El coronavirus, con la extensa cuarentena que trae como consecuencia, termina de asfixiar nuestra actividad que ya venía herida y era sostenida a costa de un gran esfuerzo familiar”.

Hace cinco años el bar cambió de manos. Los dueños confesaron que lo hicieron con “muchísimo entusiasmo no exento de coraje”. Con toda la tristeza del mundo contaron: “Fueron todos años muy difíciles que fuimos sorteando dejando jirones en el camino. Índices de inflación descontrolados. Servicios que se multiplicaron al infinito. Que la Av. Suárez se convierta en una vía para camiones prohibiéndose el estacionamiento vehicular. El cierre del CGP4 que privó a los comercios de la zona de 3000 visitantes diarios”.

En la lista hay más razones que justifican el cierre: “Una AFIP que sostuvo un rigor nórdico para contribuyentes de un país descarrilado en su desarrollo y que nos generó multas sin que jamás aceptaran explicaciones, justificaciones ni argumentos sólidos y veraces de defensa. Fue roja directa. Así funcionó. Nunca hubo advertencia, tolerancia, empatía, comprensión ni tarjeta amarilla. Jamás nos preguntó nadie cómo estábamos, qué necesitábamos o de qué manera podían ayudarnos. Fueron todos rectos y duros funcionarios (AFIP, Sindicato, AGC) de un país próspero que exige por lo que (no) brinda”.

En el medio de la angustia, los dueños de La Flor de Barracas hacen un repaso de los últimos años: “Siempre dijimos que, en verdad, lo que veníamos a hacer era gestionar el acervo de un barrio. Y desde ese lugar es que nos sentimos satisfechos y cumplidos. Creemos haber puesto a la Flor en un lugar de conocimiento entre los vecinos y fuera de Barracas también. Hemos ganado premios de prestigiosas aplicaciones gastronómicas internacionales y fuimos visitados por turistas de todo el mundo. Siempre poniendo al barrio Barracas como bandera y estandarte”.

La última gestión además de galardones sumó una experiencia gastronómica interesante: “Rebautizamos al patio y al salón de Arcamendia como Arolas y Villoldo. Creamos platos que se convirtieron en los más pedidos con denominaciones que activaron repertorios locales como “La Puñalada”, o también los “sueglios” recordando al pueblo italiano de nuestros antepasados justamente en un sitio que nació bajo el nombre de Fonda Génova. Nuestra carta de vinos incluyó exquisitos y premiados vinos de la bodega Cielo y Tierra de Gustavo Santaolalla siendo de los muy pocos lugares en Buenos Aires donde se los podía disfrutar en una mesa”.

No hubo una fecha importante para el barrio de Barracas en las que este histórico lugar no dijera presente: “Pusimos a disposición de la clientela la Biblioteca Impopular Roberto Fontanarrosa con todos sus cuentos más bibliografía sobre Barracas, Buenos Aires y la Argentina. Celebramos cada cumpleaños del barrio y la fecha de su Patrona Santa Lucía y hasta recordamos cada año a Felicitas Guerrero. Produjimos actividades conjuntas con autoridades y el alumnado del Normal N° 5. Como también con la Junta de Estudios Históricos del barrio”.

Pasaron por el barrio dejando huella y ayudando a los más necesitados. Las mesas y sillas las repararon en el taller de carpintería del Hospital Borda, vendieron artesanías de sus talleres de internos, vendieron pan dulces de la Basílica del Sagrado Corazón, pusieron a disposición el bar para la Milonga por la Integración, ofrecieron los salones sin costo a cuanta propuesta emprendedora barrial se acercara. Fueron punto de recepción de juguetes para la Colecta Anual Solidaria del Hospital de Niños (ex Casa Cuna). Hicieron un Ciclo de Cine Argentino Independiente y prestaron las instalaciones para el Ciclo de Cine Etnográfico a docentes e investigadores de la UBA y CONICET.

“Creemos haber creado una mística barrial de la que gran parte de los barraquenses pueden sentirse orgullosos. Tuvimos con ustedes un diálogo personal y en redes que supo generar un código de complicidad y familiaridad. Eso sentimos. Que construimos una familia. Nos propusimos desde un principio que cada uno que ingresara al bar vivenciara momentos relajados, sin posturas, donde se sintieran contenidos, a gusto y partícipes”, dijeron en su post de despedida en Facebook.

Los dueños relataron cómo los afectó la pandemia: “Pero, por todo lo expresado que no nos permitió formar un colchón de reserva (ni una mantita en el piso) es que todas estas extensas semanas sin ingresos, y la dura proyección, son el soplido final que echa por tierra a cualquier cuerpo, por robusto que sea, que ha sufrido una paliza en una contienda desigual. Queremos agradecerles a todos los empleados que trabajaron para nosotros por su dedicación y compromiso con nuestra causa. Los llevaremos siempre en el corazón”.

El agradecimiento fue generalizado: “A los proveedores que confiaron en la propuesta. A la gente de Programación de Bares Notables que con sus escasas posibilidades y presupuesto nos consideraron y apoyaron enviando shows gratuitos y manifestando solidaridad con la situación general. Y, principalmente, a ustedes que nos acompañaron, aprobaron y compartieron con nosotros cinco años que quedaran marcados en nuestra piel. No sabemos si este es un cierre definitivo de la Flor. Somos nosotros quienes lamentablemente hemos coincidido con un período desdichado que nos impide continuar”.

Los propietarios se retiran, el bar cierra, pero quieren dejar la puerta abierta a ver si alguien quiere reflotarlo. “El bar en sus 115 años ha tenido varios propietarios y por supuesto que hoy también lo tiene. Por lo que deseamos, y sería un consuelo al alma, que quizás pueda seguir funcionando con otra administración”.

Un momento difícil para todo el sector gastronómico. Hasta los dueños del bar La Ópera de Corrientes y Callao, tuvieron que frenar el avance de las obras para la reapertura del  mítico bar La Giralda. Se va uno de los bares más antiguos de la Ciudad. Los vecinos de Barracas, los porteños, todos en general, lo extrañarán.

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Graciela Moreno

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