Antes que la 9 de julio se convirtiera en una de las avenidas más anchas del mundo, nacía el restaurante Zum Edelweiss. Fundado en 1907, estaba ubicado sobre Cerrito. Cuando se expropió todo para ensanchar la arteria, tuvo que mudarse a la calle Libertad en el año 1933. Inaugurado por un alemán, pasó a manos de la familia Masciarelli hace 40 años. Su dueño, contó a BAE Negocios cómo atraviesa la pandemia y hasta cuando resistirá.

Considerado el segundo restaurante más antiguo de Buenos Aires, abrió sus puertas antes que se construyera el Obelisco y el mismísimo Teatro Colón. Zum Edelweiss era vecino del mítico Luna Park, que estaba ubicado donde hoy está la Plaza de la República, y de la iglesia San Nicolás de Bari, pero cuando se decidió ensanchar la 9 de julio, todos fueron derrumbados y tuvieron que mudarse.

La familia Masciarelli llegó antes de la década del ’80, Santiago fue el primero en trabajar el restaurante, luego siguió su hijo Domingo y ahora está a cargo de su nieto Santiago, que trabaja con su hijo Bruno de 33 años, bisnieto del fundador. El 20 de marzo cerraron las puertas al público y decidieron no reabrir ni para delivery, ni para ofrecer take away.

Santiago Masciarelli, su dueño, contó a BAE Negocios: “El delivery no nos sirve, el barrio es un desierto. No tiene sentido tener abierto con Tribunales y los teatros cerrados. No puedo hacer venir al personal, la mayoría vive en el segundo cordón del conurbano, por 10 pedidos por día. Los que abren no hacen ni el 10% de la facturación normal”.

Santiago Masciarelli de Edelweiss
Santiago Masciarelli, el dueño de Edelweiss dice que no cerrará

Con mucho sacrificio cumplió con todas sus obligaciones, los trabajadores recibieron el ATP y el dueño pagó el restante 25% y el aguinaldo completo. No recibió ninguna ayuda del Gobierno de la Ciudad, sólo pudo pedir un préstamo. “Conseguimos un crédito en marzo, pero no nos alcanzó ni para pagar un cuarto de los sueldos, una vergüenza lo que me dieron. En agosto, vence la primera cuota y seguimos cerrados. Los bancos analizan las carpetas pero no dan nada y yo que sé, si voy a poder pagar un crédito, si el país tarda dos años en recuperarse”, contó Santiago Masciarello.

 El futuro es complejo, pero esta familia lejos está de tirar la toalla.  El dueño de Zum Edelweiss explicó: “La ayuda es válida, pero no es suficiente. Es mucha plata la que se necesita por mantenerlo en pie. No puedo tener el negocio cerrado un año ni ocho meses, ya van cuatro meses y seguimos pagando impuestos, servicios, sueldos y cargas sociales. Con el negocio cerrado por 10 lamparitas bajo consumo pago $40.000 de luz a Edesur, de agua pasé de $45.000 a $20.000, en el caso de Metrogas pagaba $100.000 y ahora $1.000. Necesitamos una ayuda más grande, es el rubro más perjudicado, junto con los teatros y espectáculos, es terrible tener una facturación de cero pesos. Quién me asegura que a fin de año abrirán los teatros y vendrá gente”.

Yo no entiendo la vida sin Edelweiss, sigo yendo tres o cuatro veces a la semana. Me siento, miro todo y me emociono.


De sus tres hijos, Bruno que es chef, lo acompaña. No es fácil atravesar tantos días con la persiana baja. Se lo siente cansado, pero no rendido. “Mi hijo sufre como un parturiento, eso que es muy optimista. A mí me preocupa el futuro. Estamos desde hace más de 40 años y no cerramos ni un solo día, salvo el 31 de diciembre. Nuestra intención es abrir, por eso lo bancamos.  Si no, el primer día decíamos arréglense y nos vemos en otra vida. Yo no entiendo la vida sin Edelweiss, sigo yendo tres o cuatro veces a la semana. Me siento, miro todo y me emociono. Veo si llegó alguna correspondencia, pintamos algunas cosas que estaban cluecas, pero ya terminamos”.

Hace días que circulan muchos rumores que dicen que cierra. Santiago Masciarelli pide por favor que en la nota quede bien claro algo: “Nosotros lo vamos a aguantar hasta que sea necesario, salvo que tenga que vender hasta mi último par de medias”.

El restaurante es para 180 cubiertos y no tiene áreas de terraza o lugar para sillas en la vereda. Sin embargo, tiene una ventaja, tiene boxes de un metro y medio de altura que permiten que la gente pueda estar separada. El dueño dice que ni evalúa reabrir con vajilla descartable. “Nuestro público no es para venir a comer con vajilla de plástico. Me preocupa que se diga que no se permitirá la entrada de gente mayor de 60 años, porque yo no voy a poder entrar. Nuestro público es gente mayor, los jóvenes llenarán los lugares, pero en nuestro caso se complica. Hace mucho tiempo que no trabajamos al 100%, pero si me permiten abrir al 30% y viene poca gente, si hago apenas 70 cubiertos por día, que hago con personal para 300”.

Famosas historias y anécdotas de Edelweiss

En 113 años, Edelweiss registró gran parte de la historia argentina. Fue uno de los  preferidos de políticos, empresarios y estrellas del espectáculo. “Cuando ganó Raúl Alfonsín, su vicepresidente Víctor Martínez vino a festejar con su familia. Enrique Pinti desde la década del ’70, vino a comer todas las noches de su vida al restaurante, salvo cuando viajaba o algún lunes que iba al cine. No viene desde hace dos años, cuando dejó de salir a comer afuera. Guillermo Cóppola viene desde hace 30 años. Los hermanos Sofovich, Pepe Parada, Moría Casan y hasta Susana Giménez, siempre estaban. Es un lugar donde vienen todos, peronistas, radicales, los que se pelean en la tele, vienen a Edelweiss y se saludan”, dijo a BAE Negocios.

Una de las anécdotas más famosas tuvo como protagonista a la mujer más rica de la Argentina. “Una noche estaba cenando Amalita Fortabat con un actor joven, pintón, Juan José Camero y un fotógrafo de Gente los descubrió, se armó un revuelo. En la mesa de al lado estaba el diariero del barrio con su familia. Se juntaba lo más alto de la sociedad, con la clase media baja. Cuando Plácido Domingo vino a la Argentina hizo una ópera en el Teatro Colón, luego vino a comer. Lo siguieron como 200 personas, tuvimos que cerrar las puertas. Entró y todo el mundo se puso de pie para aplaudirlo, lo hicieron cantar. Se subió arriba de una mesita y cantó una ópera completa”.

Entre los visitantes más recordados, figura el músico Charly García. “Si tenía que esperar mesa, Charly se sentaba en el piso en el salón de espera y nos decía cuando tengas mesa, avísame. Desde la época de Sui Generis comenzó a venir y cantó más de una vez. Antes todo era más desenfadado. Fernando Peña venía cada vez que terminaba su programa de radio. Se quedaba hasta las 5 o 6 de la mañana, cuando empezábamos a baldear y entraba el otro turno. Porque nosotros cerramos, cuando se va el último cliente”, relató el nieto del fundador.

La familia Masciarelli asegura que no cierra. “Vamos a necesitar una ayuda muy grande de todos para reabrir, hasta de nuestros proveedores, porque tenemos más de 200 platos en la lista”. Mil historias encierra Edelweiss y todavía espera poder sumar muchas más.

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