La caída del consumo golpea fuerte a todos los segmentos y el de bebidas sin alcohol no es la excepción. Según un estudio del Observatorio de Alimentos y Bebidas de la Consultora Claves, el volumen de litros producidos en 2018 acumula una caída de 12% en los últimos cuatro años, situándose en los 9.144 millones de litros. Las proyecciones más conservadoras aseguran que este año esos números se mantendrán aunque las más pesimistas indican que ese nivel puede seguir cayendo.

La baja del consumo se mueve al mismo ritmo: el año pasado cerró con 200 millones de litros per cápita contra los 236 millones de 2015, un 15% menos.

Un buen ejemplo para comprender el momento del sector es Femsa, la principal embotelladora de Coca Cola en el país, que en febrero solicitó el procedimiento preventivo de crisis. Esto se debe, según detalla el informe de Claves, a que la caída no fue igual para todos los segmentos: las ventas de gaseosas fueron las más golpeadas durante los últimos años. La mitad del consumo de bebidas corresponde a las gaseosas. No obstante, su participación viene cayendo desde principio de década a un ritmo de poco menos de un punto porcentual por año. En 2012, el market share alcanzaba el 55% y hoy se ubica en torno al 50 por ciento.

Esta coyuntura afecta más a las marcas líderes. Si bien Coca-Cola es aún líder indiscutido (posee cerca del 40% de las ventas de todos los segmentos), Pepsi y un grupo de empresas nacionales -con Manaos (Refres Now) a la cabeza- se consolidaron como una oferta sustituta adecuada para los consumidores, con precios más competitivos. No solo esto, sino que las principales cadenas de supermercados avanzaron con muchas marcas propias de bebidas, ganándoles muchas de las ventas entre poderes adquisitivos medios/bajos. Lo interesante es que en varios casos son empresas reconocidas las que se encuentran detrás de las marcas blancas.

Las previsiones para el futuro inmediato no son del todo alentadoras. "El consumo de bebidas en 2019 tendrá un crecimiento leve, siempre y cuando se cumplan las expectativas de una recuperación del salario real, cosa que a priori era esperable para un año de elecciones. En un escenario optimista, el mercado de bebidas puede llegar a recuperar hasta 1,75% de los volúmenes de ventas, aunque, de continuar la turbulencia del dólar y de acelerarse la inflación el mercado podría continuar estancado en torno a los niveles de 2018", indican en Claves.

Cambio de hábito

La globalización, el nuevo ritmo de vida y toma de conciencia en cuanto a la forma en que los distintos productos afectan la salud y rendimiento diario, provocaron un cambio de preferencias en los consumidores. En la actualidad, existe una migración lenta, pero persistente, hacia bebidas consideradas más saludables, como aguas saborizadas, aguas envasadas, isotónicas o jugos naturales. Muchas empresas tomaron nota de esto y por eso se nota cada vez más el énfasis publicitario puesto en los aspectos saludables.

Las principales empresas lanzaron también muchas líneas alternativas a sus productos estrella (generalmente gaseosas), para tratar de acaparar parte de esta diversificación. Han aparecido también muchas empresas pequeñas con oferta de bebidas orgánicas o naturales e irrumpieron a través de nuevos canales de ventas y estrategias distintas a las tradicionales.

También están cambiando los insumos utilizados en el proceso productivo. Durante los últimos años creció mucho la utilización de edulcorantes no calóricos, aunque su condición de endulzante sintético le ha restado adeptos y no ha aparecido aún un edulcorante no calórico natural que pueda captar esta demanda.