La creencia popular indica que en épocas de contracción económica, el consumo de pastas secas se incrementa. Sin embargo, por estos días, esa ecuación se choca con la realidad. "Las pastas también caen, sólo que lo hacen en menor medida que otros sectores. Más aún, ganan terreno los productos de menor valor y retrocede 100% el segmento de trigo candeal", indica un informe de la Unión de Industriales Fideeros de la República Argentina (Uifra).

En esa compleja realidad, los cuarenta fabricantes que hay en el país -entre los que se encuentran Molinos Río de la Plata, Molinos Tres Arroyos y Complejo Alimenticio San Salvador- tratan de compensar la pérdida de participación en el mercado local con un mayor volumen de ventas externas. Ese proceso, alertan los especialistas, podría terminar en un cuello de botella si se extiende en el tiempo.

El año pasado, las empresas locales exportaron 25.234 toneladas de pastas, casi 34% más que en 2017. Además, la cantidad registrada en 2018 duplicó a la del 2016. El valor del total de las operaciones del año pasado rozó los US$17 millones, con un valor FOB promedio de 671 dólares por tonelada.

En Italia se consumen 23,5 kilos por persona y en Argentina 8,5 kilogramos

En volumen de ventas, los fabricantes nacionales están haciendo un muy buen papel en Chile, abasteciendo al país vecino con casi la mitad de las pastas que importa. Se trata de un mercado muy atractivo y vigoroso para esta la categoría, con algo más de 44.000 toneladas anuales.

Sin embargo, la Argentina está vendiendo a valores mucho más bajos respecto del promedio de la región. Una buena medida para la comparación es Perú, que exportó, en volumen, algo más de 26.000 toneladas en 2018. Las compañías peruanas venden la tonelada de pasta en Chile a un valor FOB aproximado de US$750, mientras que Argentina lo hace a US$566.

En todo el mundo se producen anualmente 14,8 millones de toneladas de pastas alimenticias, de lo cual un 22,7% corresponde a Italia. La industria de pastas más grande de Latinoamérica es, sin duda alguna, la de Brasil, que supera cómodamente la "barrera" del millón de toneladas de producción anual.

Consumo interno
El país tiene un consumo per cápita de pastas secas y frescas de 8,5 kilogramos, menor a los casi 9 kilogramos registrados hace dos años y muy lejos de los mercados líderes como Italia, en donde se comen 23,5 kilos por persona y Túnez, con 17 kilogramos.

Según la consultora Kantar Worldpanel, ganan cada vez más terreno las marcas de precio bajo, denominadas value, que captan 48% del mercado y relegan al segundo lugar al segmento mainstream (segundas marcas), con 28 por ciento. Las etiquetas premium acaparan sólo 7% y las core plus nacionales, 17 por ciento.

"El crecimiento de opciones de menor precio medio también se observa por tipos de pastas. En el último año, sólo logró crecer la variedad de guisos cortos, quienes manejan el precio medio por kilo más bajo de todos los segmentos y lo hizo en todos los niveles excepto en el bajo superior donde fueron los fideos "soperos" los únicos que lograron crecer", indican en Kantar.

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