Cada cierre tiene atrás una historia. Espacio 33 era un espacio autogestivo, creado hace cuatro años que bajó el telón definitivamente, a causa de la pandemia. La actriz, dramaturga y docente, Macarena Trigo fue una de las fundadoras, junto a ocho integrantes más, aunque al final quedaron menos.

Hace 15 años que vive en Buenos Aires, pero Macarena Trigo no perdió su acento español. Vivía en Madrid y en agosto de 2002, vino por primera vez a Argentina a estudiar teatro. “No conocía el teatro independiente porteño, fue tremendo conocer la ciudad en ese momento. Vi el mejor teatro de mi vida, me partió la cabeza. Funciones de teatro a la gorra y en cualquier sitio. Fue un antes y un después, determinó que volviera al año siguiente. En el 2005, llegué con la idea de quedarme tres meses y aquí estamos, 15 años después. Lo que pasa con el teatro independiente acá es una locura, no pasa en ningún lugar del mundo. En España no existe”, cuenta Macarena.

La fundadora de Espacio 33, es asistente de dirección de la obra La omisión de la familia Coleman, una joyita de su director  Claudio Tolcachir, que festeja sus 15 años en agosto y recorrió muchos festivales en todo el mundo. Tuvo la suerte de viajar mucho, por eso habla con experiencia. “La cantidad de gente que trabaja en relación al teatro, que imparte clases, que escribe sobre el teatro, que tiene grupos que estudian, por eso este parate es tan tremendo, hay muchísima gente que está en crisis”.

Enamorada de toda la movida cultural, junto a ocho colegas, reciclaron una imprenta abandonada y fundaron Espacio 33 en el barrio de Boedo, a fines del 2015. Un lugar autogestivo con una agenda repleta de actividades que no tuvo descanso. Su platea de 35 sillas, siempre contó con espectadores. Pero cumplir los protocolos en la post cuarentena, será difícil para un espacio pequeño que debe pagar $50.000 al mes para poder sostenerse en pie.

“En diciembre festejamos que pudimos sobrevivir a los últimos cuatro años, toda nuestra historia estuvo atravesada por la falta de políticas culturales que nos apoyasen. Durante casi dos años, mantuvimos la programación a la gorra para que no dejaran de venir. Estamos tristes, por haber tenido que cerrar por esta situación insólita e inesperada, es un duelo extraño. Desarmamos sin podernos vernos, ni abrazarnos, es muy duro. Comenzaron nueve y ahora cierran el equipo seis. Donamos las cosas a un comedor y otra sala se queda con la platea y luces de cabinas”, dice Macarena Trigo.

Nunca ganaron plata, pero la pasión siempre pudo más. Mientras desarma todo, cuenta: “Todos los que sostenemos un espacio cultural en Capital lo hacemos porque estamos convencidos de la urgencia y el valor que representan los espacios como núcleos de formación, de espacios de encuentros para el barrio. Teníamos talleres de música, de yoga, de canto, además de dar obras de teatro. Hasta vendíamos verdura orgánica. Nosotros cedíamos nuestras horas de trabajo para sostenerlo, con lo que sacábamos pagábamos el alquiler y los servicios, es difícil sacar un sueldo. Hay un espíritu de cooperativa cultural”.  

Con mucha tristeza, hace un balance. “Fuimos los primeros en caer por una economía muy frágil, va a ser muy grande la pérdida para la ciudad. Deberían tomar medidas para que los cierres sean los menos posibles y se refuerce el sistema. No cierran por incapacidad de gestión, al contrario, se mantienen porque los gestores son espectaculares, hay mucho compromiso social y cultural. Es muy triste que la falta de políticas culturales a la altura y la falta de una economía que apueste por estas actividades, revele el desamparo absoluto en el que trabajamos todos estos años. Si estuviésemos más fortalecidos, no se pierde el trabajo de cuatro años en tres meses”.

En el medio de la emergencia cultural, hay una ilusión y es que se ayude al sector y surjan estructura más fortalecidas.  “Necesitamos que se declare la emergencia cultural, todavía falta unión en el sector. Estamos todos tan desesperados por salir adelante en el día a día que nos falta unificarnos para poder hacer un reclamo de todos los sectores culturales unidos, espero que no tarde en pasar”.

Aunque ya no tenga su sala, Macarena Trigo, se unió con varios en Profesores Independientes de Teatro (PIT), otro espacio nacido en la pandemia. Siempre hay causas para acompañar. Lo que más le duele, repite, es desarmar el teatro, sin poder darse un abrazo con los suyos y con los vecinos y todos los que hicieron posible que Espacio 33 subsista estos años.

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