Los millennials son famosos porque no les gustan las etiquetas. Ahora el mercado de fusiones y adquisiciones está deshaciéndose de las etiquetas también.

Una de las tendencias de las grandes transacciones en 2017 fue que se borraron las líneas divisoras entre industrias. Los minoristas están comprando divisiones de software y de operación en línea, los proveedores de servicios de telefonía móvil apuntan a tener contenido propio y Amazon.com, el rey del comercio electrónico, adquirió un minorista tradicional de alimentos, Whole Foods Market.

La convergencia entre industrias sigue siendo un tema recurrente tanto para transacciones grandes como pequeñas. Eso significa que los analistas y banqueros que se especializan en áreas de enfoque que antes estaban muy definidas tal vez necesiten concentrarse en otros sectores. La convergencia también hará que sea mucho más difícil predecir los sectores más populares para fusiones y adquisiciones. Más bien, debe prestarse más atención a las motivaciones subyacentes para las transacciones, según Russell Thomson, socio gerente nacional para servicios de fusiones y adquisiciones en Deloitte.

Algunas de las transacciones más grandes ahora son las llamadas megafusiones verticales, como la oferta de CVS Health por Aetna. Los acuerdos como este están siendo impulsados por la reducción de oportunidades de crecimiento dentro de ciertas líneas de negocios y los beneficios de ahorro de costos que brinda tener acceso a toda la cadena de suministro.

Algunos gigantes de la industria también pueden ver estas transacciones como una forma de eludir los obstáculos antimonopolio, indica Bloomberg. Los abogados de AT&T, por ejemplo, están poniendo un énfasis adicional en la naturaleza vertical de la adquisición de Time Warner. en su argumento de que el gobierno debería aprobarla.

Luego están los acuerdos complementarios más pequeños. Estos son principalmente para activos tecnológicos. De hecho, el principal impulsor estratégico de fusiones y adquisiciones este año será la adquisición de activos tecnológicos, según una encuesta a alrededor de 1.000 ejecutivos corporativos y líderes de firmas de capital privado realizada para Deloitte.

Observe cómo palabras como software, digital y tecnología se han estado destacando cada vez más en los comunicados de prensa a medida que compañías desde Walt Disney y General Electric hasta Ford Motor y Office Depot hacen inversiones basadas en tecnología para abordar las necesidades cambiantes de sus clientes. Ninguna de sus maniobras ha sido tan radical, ni tan divertida, como la del fabricante de té helado Long Island, que cambió su nombre el mes pasado a Long Blockchain, tratando de aprovechar la fiebre por el bitcoin y la tecnología que lo respalda.

Se registraron cerca de u$s2,7 billones en fusiones y adquisiciones a nivel mundial el año pasado, la cifra más baja desde 2013. Esto se debe a que la actividad de adquisiciones en Estados Unidos fue moderada durante gran parte del año, ya que los máximos ejecutivos debieron lidiar con los inciertos resultados de grandes propuestas legislativas y con un gobierno ambiguo en la Casa Blanca. Hubo un par de bombas a finales de 2017: la fusión CVS-Aetna y la oferta de Disney de u$s66.000 millones por la mayoría de los activos de televisión y cine de 21st Century Fox Inc. En cuanto al próximo año, casi dos tercios de los encuestados de Deloitte esperan ofertas más contundentes en 2018. Según Thomson: el optimismo en torno a transacciones más grandes y en mayor cantidad es real y continúa.

Parte de la motivación puede ser que los ejecutivos están avalando transacciones más exitosas. Solo el 12% de los encuestados corporativos dijo que la mayoría de sus acuerdos no cumplían con las expectativas de rentabilidad o creación de valor, una caída frente al 40% en una encuesta de la primavera de 2016. Ese es ciertamente un punto pasado por alto pero alentador, si resulta cierto. Dado que las valoraciones de las adquisiciones, particularmente en EE.UU., se mantienen en niveles elevados, necesito más pruebas para creer que no estamos en presencia de ofertas más desesperadas que inteligentes. Un ejemplo de esto: la industria alimentaria.