En la ciudad santafesina de San Jorge, hay un motivo de alegría. La fábrica de bolitas Tinka, fundada en 1953, vuelve a encender los hornos este domingo para reanudar su producción. Reconocida como la única fábrica de bolitas y bolones de Sudamérica, sigue viva. Con mucho esfuerzo pudo pagar los sueldos y mantuvo a todos sus empleados.

La historia de la empresa Chiarlo y Reinero, que fabrica la marca Tinka comenzó hace 67 años. Atravesó toda clase de crisis, pero la pasión por mantener la fabricación del juguete más barato al que pueden acceder los niños, los hace seguir firmes. Además de bolitas y bolones producen bolitas de aerosoles para laboratorios de pintura.

Uno de los hijos de los fundadores, Horacio Reinero contó a BAE Negocios: “Estuvimos 45 días cerrados, luego nos permitían trabajar cuatro o cinco horas diarias, pero nosotros necesitamos un horno continuo las 24 horas para poder fundir vidrio. Recién ahora, nos dieron los permisos y nos aprobaron el protocolo para que este domingo podamos encender los hornos. Hace varios meses que no podíamos encenderlo. Ya habíamos vendido lo que teníamos en stock y con eso nos ayudamos a pagar servicios y sueldos. Cayó mucho la venta, pero ahora comenzaron a llegar nuevos pedidos. Esto es lo que sabemos hace, fundir vidrio y hacer bolitas es nuestra pasión”.

Este histórico juego que atrapa a grandes y chicos tiene su temporada alta y la pandemia llegó justo cuando arrancaban las ventas. “Lo que nos jorobó es que no se abrieron las escuelas, la mejor venta arranca en marzo, cuando un chico tiene una bolita en el patio de una escuela, todos quieren tener bolitas. Pasan los años y los chicos, siguen jugando y manteniendo la tradición”, contó Reinero.

Una pyme que lucha para no aflojar

La situación en Tinka es como la de todas las pymes, pero decidieron no aflojar y cumplir con todos los pagos. “De nosotros dependen siete familias, pagamos todos los sueldos, cumplimos con todo. Son trabajadores que hace muchos años están con nosotros, con un oficio que no es fácil de conseguir, necesitamos preservarlos para cuando esto se reactive. Veníamos complicados desde los últimos cuatro años, pero seguimos vivos. Nos ayudó muchísimo el ATP para el pago de sueldos, llegamos tarde para el de abril, pero recibimos ayuda en mayo. No quedó ningún empleado en la calle, pagamos con lo nuestro y cumplimos”, contó el hijo del fundador.

A partir del domingo, cuando se encienda el horno a las 18 horas, primero se calentará y al día siguiente arrancará la producción. “Hacemos entre 300.000 y 400.000 bolitas por día, cuando las máquinas están en marcha. Ahora funcionarán de domingo a jueves y después será semana por medio, de acuerdo a los pedidos. En un año normal, de marzo a  septiembre hacemos bolitas de juegos y luego arrancamos con las bolitas para pinturas”, contó desde San Jorge.

Aunque es la única fábrica que Sudámerica no exportan. En los ’70, había tres fábricas de bolitas en el pueblo, compraron una, la otra cerró porque falleció el dueño y sólo quedó Tinka. Es una pyme santafesina muy querida, no sólo por los chicos.

Los niños y el juego de las bolitas

En la plaza de enfrente a la fábrica, se jugó varias veces la final del campeonato provincial de bolitas que tiene varias categorías chicos, medianos, grandes, adultos y abuelos. “Hay muchos abuelos de 75 a 80 años que enseñan a sus nietos a jugar a las bolitas, hasta hay muchas mujeres que juegan. En la puerta de la fábrica siempre hay niños que esperan que se abra el portón para acercarse y pedirnos bolitas. Algunos piden que les demos las ovaladas o las rotas, aunque sea. Nosotros agarramos un puñadito y siempre les damos. Chicos y chicas, siempre están esperando en la puerta que les regalemos bolitas”, cuenta uno de los herederos. En la empresa también trabaja su hermano.

 Los chicos que rondan los seis años, son los que más eligen las bolitas como juegos. Históricamente, se solía decir que el norte argentino, es la zona donde más se consumen bolitas. El precio accesible, hace que sea el juguete más elegido. Una bolsa con 100 bolitas se vende en la fábrica a $90, pero sólo en San Jorge. En kioscos y jugueterías el precio aumenta.

Por suerte, en el pueblo de San Jorge no hubo ningún caso de infectados de coronavirus, si hubo de dengue. Gracias a que todos los habitantes se cuidan, pudieron abrir.  Cuenta Reinero que a las 18 de la tarde comienza a pasar la guardia urbana tocando una sirena para que cierren los comercios y después de las siete y ocho de la tarde, ya no queda nadie en la calle. Esperan que todo pase pronto, para poder volver algún día a la normalidad.

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