Especial para BAE Negocios

En Diciembre del 2017 presenté, en el Honorable Concejo Deliberante de Paraná, el proyecto de ordenanza para la prohibición del uso y aplicación de productos químicos o biológicos que contengan glifosato. Debido al apoyo inmediato obtenido por mis pares, el mismo se aprobó por unanimidad ese mismo día, impidiendo así la utilización de este tipo de agrotóxicos en el ejido de nuestra ciudad.

Resultó impensada la repercusión inmediata- que tuvo el tema; desde ese momento recibo innumerables mensajes de agradecimiento, apoyo y felicitaciones. Dentro de ellos, muchos de personas e instituciones preocupadas por la problemática, la que se puede ver a lo largo y ancho del país, afectando a todo ser vivo que se encuentre cerca de una zona donde se utilice este tipo de productos.

Cuando creí que estaba cumpliendo con mi labor legislativa, dando respuesta a la preocupación que manifestaban muchos ciudadanos de Paraná por la forma en que afectan y lastiman los químicos de este tipo a nuestra salud; me encontré con que el problema es mucho más grande, porque también hay un uso doméstico que hacemos con este tipo de productos que afecta al ambiente y nos afecta a nosotros. Somos muchos los que estamos trabajando para ser parte de una transformación y estamos en la lucha incansable de defender los derechos de nuestros niños, porque nuestra responsabilidad es dejarles a ellos el mundo, al menos en las mismas condiciones, que lo recibimos de nuestros padres.

Desde aquel momento acompaño a personas y organizaciones como me resulta posible, compartiendo el proyecto presentado, pero también a ediles de otros lugares, ambientalistas, emprendedores, que desean ver una transformación equivalente en su ciudad.

Esto, por un lado, demuestra el interés y la preocupación de la sociedad: indistintamente de un color o partido político dado que todos queremos preservar y garantizar la salud, principalmente de los más vulnerables como son los niños y nuestros adultos mayores.

Y por otro lado me toca a mi ser político. Reflexiono e invito a mis pares a que lo hagan conmigo: si somos por naturaleza y desde nuestros orígenes un país agrícola, e incluso nos autodenominamos como el granero del mundo, ¿no será hora de cara al siglo XXI de contar con más conciencia individual y una política de regulación, y control para la utilización de este tipo de agrotóxicos y generar en un marco serio de debate de todas las partes?

*Concejal de la ciudad de Paraná por la U.C.R. - Bloque Cambiemos.